Probamos la pistola Ruger LCP

El mercado de armas cortas está inmerso en un proceso de renovación y transformación que es constante y pretende hacer que los posibles clientes se sientan atraídos por las nuevas propuestas que van llegando a las armerías de todo el mundo. Ese interés comercial, que es el que impulsa a las empresas a desarrollar y poner a punto nuevos productos que tengan renovado interés para los compradores, es el que ha motivado algunos cambios importantes en empresas como la estadounidense Ruger, firma con una amplia tradición pero con una gama que se había ido quedando un poco al margen de los desarrollos más novedosos.

Texto y fotos:  Octavio Díez Cámara

* Este artículo incluye 14 imágenes con sus correspondientes comentarios en la edición impresa del número 323.

Desde hace unos años hemos percibido en esa firma, que tiene una de sus principales plantas en Prescott (Arizona), un intento de renovación que está promoviendo el “alumbramiento” de algunas opciones interesantes, aunque hemos constatado ya que las prisas no son buenas compañeras de viaje y algunas de las series iniciales de esos modelos adolecen de defectos importantes que han hecho que armas aparentemente novedosas hayan tenido que ser requeridas para sufrir modificaciones que, aparentemente, no son de índole menor. Este es el caso del modelo que nos ocupa en estas páginas, aunque a tenor de las pruebas que les vamos a presentar ofrece una serie de cualidades y prestaciones que a más de uno van a interesar.

Cualidades válidas

lcp-12-odcFue hace unos meses, cuando el que estas líneas escribe se encontraba visitando un Departamento de Policía estadounidense para conocer cuál es el armamento que emplean sus diferentes unidades, material con el que, próximamente, confeccionaremos un detallado reportaje. Mientras nos encontrábamos en el Campo de Tiro, tuvimos contacto con algunos agentes ya retirados que se encontraban allí realizando pruebas de armas personales y ejercicios con los que mantener su preparación personal.
Uno de ellos, nos explicó que iba a probar un modelo que había adquirido sólo unos días atrás. Nosotros, con la “curiosidad” que nos es característica, rápidamente le preguntamos ¿Y qué arma es la que has decidido comprar? Su respuesta nos llamó la atención: Es una semiautomática LCP. En ese momento no caí, pero al enseñármela pronto me sentí más atraído por aquella pequeña pistola. Se trataba de una de las novedades de la marca Ruger que, sólo unos meses antes, había tenido la oportunidad de manipular durante su presentación internacional en la feria “SHOT Show” que tuvo lugar, en febrero de 2008, en la ciudad de Las Vegas.
No habían transcurrido muchas semanas desde aquella presentación y ya tenía ante mí uno de los ejemplares de producción en serie. Como es usual en este tipo de productos, suele transcurrir bastante tiempo entre el momento en el que se presentan y el que se comercializan, pero en el caso de la LCP (Lighweight Compat Pistol, pistola compacta y ligera) se habían “quemado etapas” para ponerla a la venta con gran rapidez.
El disponer allí de esa novedad, y la posibilidad de realizar un análisis detallado que es primicia para nuestro mercado, nos llevó a olvidar el motivo principal de nuestra actividad en aquel polígono durante un par de horas.
Lo primero que hicimos fue “aproximarnos” a la LCP. Se presenta en una caja de cartón bastante tosca, junto a un manual donde se detalla el montaje y mantenimiento, una funda bien resuelta para guardarla en las mejores condiciones y dos cargadores. Además, como es habitual entre las armas suministradas a los estadounidenses, se incluye un cable metálico con un candado que sirve para bloquear su funcionamiento al pasarlo entre la boca de fuego y la recámara, dejando el arma abierta.
En la caja se podía ver la etiqueta de compra: ¡309,99! dólares abonó el ex policía por ella, poco más de doscientos cuarenta euros al cambio actual, cantidad que a muchos de nosotros, y dado lo que estamos acostumbrados a pagar, nos parece casi irrisoria.
lcp-03-odcEn realidad, en aquel mercado las armas de fuego se distribuyen a unos precios que llaman la atención y hay opciones ya interesantes desde poco más de doscientos dólares. Allí las producen y venden “en masa” y eso ayuda a tener un precio que es, en muchos casos, el mejor argumento de ventas.
En el de la LCP, su coste busca interesar a posibles compradores -y sobre todo hacer frente a las “bondades” de otros modelos bien distribuidos en aquel mercado y con una gran aceptación general-, pero a cambio de ese importe se ofrece un producto que incorpora una serie de detalles potencialmente positivos.
Tras aquella primera aproximación y un somero desmontaje para comprobar que el nivel de acabado exterior e interior de las piezas de acero era más que correcto, como suele ser tradicional en Ruger, y que el armazón de nylon reforzado con fibra de vidrio -más económico que otros materiales compuestos- tenía unas dimensiones y formas que facilitaban tanto la ocultación (sus cantos son redondeados y carece de elementos que puedan engancharse en la ropa) como el accionamiento y sujeción, nos dirigimos a un punto próximo a la línea de fuego para comprobar su comportamiento en tiro. El cargador, obra de la italiana Mec-Gar, está bien resuelto y ofrece un acabado sobresaliente.

Un objetivo claro

lcp-14-odcLlama la atención, a primera vista y cuando se la tiene en la mano, su configuración genérica, con un peso que es de sólo 270 gramos vacía y de poco más de trescientos treinta con el cargador lleno, detalle que ayuda a llevarla oculta sin que interfiera en los movimientos normales del portador. Se ha concebido con unas dimensiones reducidas, sobre trece centímetros de longitud y nueve de altura, para que cumpla a la perfección con los requisitos para los que fue diseñada.
Este modelo surgió, según nos hemos documentado, con un uso prioritario y otro secundario. El primero es el que la destina a los civiles que, por su actividad o condiciones, requieran de un arma de defensa personal que no les moleste, sea cómoda de emplear y segura. A ellos, les puede interesar el hecho de que se ofrezcan diversos modelos de fundas, que sea confortable y ocultable, o que ofrezca unas prestaciones más que adecuadas para el fin pretendido. Como segunda opción, podría ser el modelo seleccionado por profesionales policiales y de otros colectivos como arma de seguridad -lo que ellos llaman “back up”-, una necesidad secundaria que complemente a la principal y que implique que sea llevada generalmente en el tobillo o en algún punto del vehículo como recurso de emergencia.
Repasándola más a fondo, destaca el nivel de integración de los diferentes elementos que se han concebido con un potencial más que sobresaliente. La parte frontal es redondeada, con el punto de mira mecanizado en la zona superior de la corredera. En la zona posterior de ésta se encuentra integrada una leve protuberancia que actúa, por cierto más que eficientemente, como alza fija, ya que el arma está pensada para disparar contra blancos relativamente grandes y a distancias especialmente cortas.
La corredera presenta cinco canales verticales en su parte posterior para poder asirla con facilidad y montarla sin problemas.
Se ha concebido con unos elementos mecánicos que propician la seguridad automática, por lo que carece de palancas de accionamiento manual de los seguros. En esa línea técnica, se la ha provisto con unos mecanismos de doble acción que hacen que tenga que ejercerse una presión de unos tres kilogramos sobre el disparador para activar una acción de fuego, situación que se ejecuta sin problemas, incluso en secuencias rápidas, como nosotros pudimos comprobar. La dureza del gatillo impide, en condiciones normales, una presión involuntaria, aunque no tenemos claro que esa cualidad funcione a la perfección con usuarios poco experimentados y es por ello que, personalmente, me gustan más los gatillos que incorporan en su diseño un seguro complementario.
Nos gustó que el guardamontes sea bastante amplio, pues permite incluso activar el gatillo con guantes, siempre que estos nos sean muy gruesos. Sus formas, ayudan a sujetarla mejor con dos manos, cuando resultaría muy aconsejable la utilización de un cargador con una extensión inferior que amplíe suficientemente el tamaño de la empuñadura, aunque sólo para asirla con tres dedos. Al ser especialmente delgada, en ocasiones puede parecer que se pueda escapar de la mano, lo que no sucede en la realidad.
Su pequeño tamaño y ligereza son idóneos para el cartucho que se ha pensado que dispare. Desde un cañón de 2,75 pulgadas se proyectan proyectiles de forma precisa y eficiente. Las municiones son del .380 Auto -nuestro 9×17mm o Corto-, una opción para la que existen en el mercado propuestas de alta capacidad, suficientemente efectivas para el fin pretendido. Seis cartuchos en el cargador y uno más en la recámara son unos argumentos más que suficientes para resolver un elevadísimo tanto por ciento de incidentes -las estadísticas en ese sentido avalan esa afirmación-, sobre todo porque su precisión y potencia pueden hacer que con uno o dos disparos el problema esté más que resuelto. En caso opuesto, un rápido cambio de cargador, activando una pulsador bien dimensionado y situado, y en unos pocos segundos estará nuevamente dispuesta para hacer fuego.

Producto interesante

lcp-22-odcLa probamos disparando contra blancos situados a cinco, diez y quince yardas -distancias que se quedan en un poco menos transformándolas en metros- y fue más que fácil que nuestros disparos, incluso realizando “double tap” y secuencias rápidas en las que vaciábamos los cargadores, alcanzasen su objetivo eficazmente. Las agrupaciones son lo que son, y están bien alejadas de las de concurso. El fabricante se ha planteado con su concepción inicial que cumpla los requisitos, es decir, que pueda alcanzar un torso humano sin ningún problema. ¡Y eso lo cumple con creces!. En más de cien disparos no hubo ningún encasquillamiento o interrupción, lo que tratándose de un arma nueva, sin “rodaje”, es más que positivo.
Sus dimensiones favorecen su porte discreto y ocultamiento. En nuestra inesperada prueba la colocamos en el bolsillo delantero de un pantalón tejano y nadie que no supiera lo que había dentro podría percibir la presencia de un arma corta en ellos, lo que ayuda tanto a la discreción como a la disponibilidad.
De nuestra experiencia, corta en tiempo pero prolongada por la intensidad que buscamos en aquel contacto, podemos afirma que la pistola LCP es una opción más que interesante para la defensa personal. Combina aquel dicho, tan castizo por cierto, de buena, bonita y barata. Tiene cualidades ergonómicas, combina una más que aceptable potencia de fuego y está disponible ya a un precio más que adecuado. Por otra parte, varias empresas que fabrican complementos han presentado ya fundas, láseres y otros accesorios con los que mejorar sus cualidades. Por todo ello, podemos afirmar que es, entre las de su tipo, uno de los mejores modelos que hemos podido probar en estos últimos años. Para acabar, agradecer al oficial del Henrico County Police Dep. que nos la prestó su cooperación para que pudiésemos realizar las pruebas y fotografías que nos han permitido confeccionar estas páginas. •

Imágenes

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3 Respuestas a “Probamos la pistola Ruger LCP”

  1. mauro dice:

    la pistola ruger es espectacular cuanto daria por tenerla en casa que belleza los felicito por enterarnos muy bien de las amas….chao

  2. vicente ramírez rubio dice:

    Saludos a todo el personal de la Revista Armas por el interesante contenido, me gustaria tener una de estas pistola Ruger LCP. Los saludo desde México

  3. ATAPUMAN dice:

    YO LA TENGO HACE 6 MESE Y ES UNA MARAVILLA. ES LO QUE ES, UN ARMA DE EMERGENCIA, PERO CON GRAN CALIDAD Y PORTABILIDAD.

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