Safari 2009 (y III): CZ 550 Safari Magnum, variedad de opciones

IMG_0169Finalizamos en este artículo los comentarios sobre el robusto y preciso rifle checo, a la vez que relatando algunos de los lances en los que el Steyr Mannlicher Pro Hunter fue protagonista y sin olvidar datos sobre cartuchos, accesorios y hasta alguna anécdota curiosa y digna de recordar, aunque les aseguro que es difícil olvidar ninguna de las experiencias vividas durante un safari en África.

Por Luis Pérez de León

Fotos: A. F. Pérez de León S.L.

Este artículo incluye 52 imágenes con sus correspondientes comentarios en la edición impresa del número 328.

 

Nos faltaban aún un buen número de comentarios sobre el CZ 550 Magnum en el capítulo publicado en nuestro número anterior, por lo que retomamos en estas páginas la descripción y hasta la prueba de ese notable rifle, bien frecuente también entre muchos cazadores africanos.

La acción: un clásico mejorado

rifles CZEl cajón de mecanismos de estos CZ es una versión checa de los Mauser Magnum originales y por ello una clara demostración de fortaleza. Sus dimensiones y el grosor de sus paredes ponen de manifiesto que se ha fabricado para soportar sin problemas las máximas presiones. Por él discurre un cerrojo igualmente muy robusto, cuyo cuerpo principal se mantiene prácticamente idéntico al del fusil Mauser de 1898, seguramente el arma de cerrojo que se ha fabricado en mayor número a lo largo de la Historia, y del que se han derivado hasta hoy innumerables versiones. Sus dos grandes tetones frontales de acerrojado y el largo extractor giratorio, independiente del propio cuerpo del cerrojo, le han granjeado fama universal de fiabilidad y robustez que, pese a todos los avances, sigue siendo apreciada por multitud de usuarios, sobre todo por aquellos que se enfrentan con sus armas a situaciones de verdadero peligro.

Pero los técnicos checos han introducido también modificaciones para hacer que estos rifles sean más funcionales en cualquier caso. Así, en un Mauser tradicional la alimentación del cartucho a la recámara se prevé siempre desde el almacén, y es de este modo como el extractor se sitúa adecuadamente en la ranura de la vaina, algo que no siempre sucede si alimentamos directamente la recámara en un momento de urgencia, no permitiendo que podamos completar el acerrojado. Por ello mismo, el del CZ ha sido convenientemente tallado en su zona frontal para permitir que ese proceso, que puede darse en situaciones muy delicadas, se realice con total fiabilidad.

También la zona posterior del cerrojo ha sido modificada, eliminando la larga e incómoda aleta giratoria del seguro original, situando en su lugar una cubierta de acero por cuya zona posterior asoma la parte trasera del percutor, avisándonos de que el mecanismo está listo para disparar.

Otra variación positiva se encuentra en el botón que se ha dispuesto en el costado izquierdo para permitir un mucho más rápido y sencillo desarme del cerrojo que con el método original, y hasta en esta misma zona se ha previsto una pequeña leva (perfectamente integrada), con cuyo desplazamiento podremos separar el cerrojo de la acción, en lugar del conjunto de piezas independientes y adosadas al cajón de mecanismos del diseño Mauser básico.

Seguro, mecanismos de disparo y otros elementos

Seguro, mecanismo de disparo y otros elementos

El 550 tiene un largo cañón que implica mayor tamaño y peso, pero también por y desde él se consiguen las mejores prestaciones balísticas de los cartuchos. En el caso del .375 H&H con bala de 270 grains, su trayectoria es comparable a la de un .30-06 con punta de 180CZ ofrece dos opciones para el seguro de estos rifles. En una de ellas la palanca, perfectamente situada en el costado derecho y del todo accesible al dedo del tirador, cuenta con dos posiciones: retrasada no permite el disparo, pudiendo efectuarlo al desplazarla hacia delante, como es habitual en muchos rifles y al contrario de lo que sucedía en versiones anteriores como antes comentamos. Pero también existe otra opción con tres posiciones, cuando hay una intermedia que permite abrir el cerrojo sin que el mecanismo de disparo esté en “fuego”. En cualquier caso, el accionamiento es suave y muy silencioso a poco que el tirador ponga de su parte.

En cuanto al disparador, de nuevo pueden calificarse de muy robustas todas las piezas que se relacionan con este mecanismo, siendo de accionamiento directo y regulable no sólo en cuanto a la presión a ejercer, sino también al recorrido previo y posterior a la suelta del fiador. Por si fuera poco, el gatillo dispone de un “tensor” que supone poder disparar con tan sólo unos gramos de presión tras haberlo desplazado levemente hacia delante, un gatillo al “pelo” con el que siempre hay que ser extraordinariamente cuidadosos (todavía más en este caso por la potencia de los cartuchos que estamos tratando), pero que no deja de ser una posibilidad de uso añadida con la que ya cuenta el rifle de origen.

En cuanto a los elementos de puntería, el alza es también de concepto clásico entre los rifles de safari, de librillo y con tres hojas abatibles con amplias muescas en “V” y con sendas líneas blancas para agilizar la puntería, previstas para disparar a 100, 200 y 300 metros, aunque habida cuenta de la rasante de estas balas posiblemente no fueran esas las distancias más lógicas según mi opinión. El conjunto de alzas está sin duda realizado en acero mecanizado y dispuesto en una robusta meseta integrada en el cañón mediante una enorme cola de milano.

IMG_4051Por delante, sobre otra rampa de acero, y convenientemente tratada para evitar reflejos, encontramos un punto de mira en “torpedo”, fácilmente sustituible por otros de distintos tamaños o configuraciones. Curiosamente, aunque su presencia está prevista por las ranuras mecanizadas en la base del punto de mira, ninguno de nuestros rifles incluía el túnel cubre-punto (por su tamaño no se puede decir anillo), característico de los CZ.

La prueba

Así, desde luego, es como siempre tendríamos que hacer la prueba de un rifle de caza: en plena naturaleza, acompañados de un cazador profesional, con pisteros, y en un entorno que ofrecía desde facocheros a Kudus, pasando por multitud de animales de otras muchas especies de la caza mayor africana.

Lo cierto es que el 550 Magnum del .375 H&H que Gerhardo puso a mi disposición lleva ya varios años prestando un excelente servicio, sin que hasta la fecha haya presentado el más mínimo problema y después de haber disparado cientos de cartuchos cazando en el más literal sentido de la palabra. Es un arma que ha abatido prácticamente de todo, incluidos algunos representantes de los “cinco grandes”, el último un leopardo sólo unas semanas antes de nuestra visita a Sudáfrica, cuya piel utilicé como fondo para varias fotos y que le causó un serio disgusto a un buen amigo de nuestro anfitrión, tal como les comenté en el artículo anterior.

No obstante, y ya que yo también había llevado otro rifle y cartuchos de este mismo calibre, hicimos unos cuantos disparos en una zona habilitada como campo de tiro en la inmediaciones del lodge de Elandsbosch, donde se puede disparar con comodidad y desde una sólida mesa a blancos situados a 50 y 100 metros. La munición con que contaba era Remington Soft Point de 270 Grains y Federal blindada de 300. Con ambos tipos de cartuchos conseguimos excelentes agrupaciones a 100 metros, demostrando nuevamente este veterano cartucho sus excelentes cualidades en precisión y cuyo “comportamiento” en cuanto a trayectoria se compara –en el caso de las puntas de 270– con el de un .30-06 con bala de 180 grains. Me hubiera gustado probar los cartuchos que prepara Hannes con los proyectiles sudafricanos Rhino de 380 grains para las “grandes ocasiones”, pero lo tendremos que dejar para un próximo safari.

IMG_4071El rifle montaba un visor Zeiss Victory de 2,5-10×50 con un pequeño punto rojo iluminable (retícula 0) que resultaba adecuado para afinar sobre el blanco.

En cuanto a las sensaciones con el rifle, por supuesto nada que ver con las vividas con sus hermanos del .458. Por supuesto que el .375 es un veterano respetable en todos los sentidos (quiero decir que también se le nota en el hombro al disparar), pero a poco que estés acostumbrado al retroceso no implica el menor problema. Con los otros, sobre todo con el Lott, mejor te colocas siempre bien el rifle en el hombro antes de apretar el gatillo.

El almacén del 550 admite nada menos que cinco cartuchos del .375 H&H (que pueden ser 4 ó 3 dependiendo del calibre), y el proceso de llenado se realiza sin la menor dificultad. La tapa abatible desde la zona inferior del rifle facilita la operación a la hora de descargar rápida y completamente el arma.

IMG_4064El rifle de Gerhardo, pese a mantenerse en perfecto estado por los cuidados de su dueño, podríamos decir que está perfectamente “rodado”, resultando la manipulación y desplazamiento del cerrojo más suave que el de los rifles sin estrenar de que dispusimos en España. Algo que, por supuesto, se entiende del todo lógico.

Reitero que pese a sus dimensiones y peso no resulta incómodo ni desequilibrado, algo en lo que también influye la masiva culata que contrarresta el efecto del largo y grueso cañón. El encare es fluido y las miras (el visor en este caso), me quedaba perfectamente enfrentado y eso que su dueño es de una complexión diferente a la mía, unos cuantos, bastantes, centímetros más alto.

Cargué, acerrojé, comprobé extracción y expulsión con cartuchos y vainas, disparé varias series con los dos tipos de munición y el aparato funcionó a la perfección. El gatillo estaba a unos 1.300 gr, y sin el menor arrastre. Ya podía darse por hecho, pero se podía confirmar que aquel 550 estaba realmente “listo para la acción”.

Y así fue, como se mostraba en las imágenes publicadas en las que el CZ descansa apoyado sobre sendos representantes de dos de las especies más emblemáticas de la caza en esta zona del Planeta: un impala (francamente bueno, por cierto), y un Kudu al que tampoco se le puede poner ningún “pero”. Quizá la iluminación no sea la mejor para fotografiar el rifle, pero la verdad que se nos complicaba un poco traer esos “fondos” hasta el estudio.

En definitiva, no duden que el CZ 550 es un aparato muy serio en el que esas premisas de fiabilidad, robustez y precisión (tantas veces repetidas en la promoción de las armas), son verdaderamente ciertas y palpables.

Para mi gusto está muy bien hecho, mientras que su acabado sin duda no tiene la finura o la presentación de otros rifles. Pero es algo del todo lógico y creo no equivocarme al decir que debiéramos plantear el triple de lo que éste cuesta –como mínimo– para empezar a buscar en el mercado otro arma en los grandes calibres africanos. Tal como viene de fábrica va a funcionar sin problemas, seguro, pero he visto algunos que han pasado por manos expertas (afinando pequeños roces entre metales o acabando maderas al aceite, y hasta con algún detalle de capricho), cuyo resultado es de verdad espectacular. Pero seguro que también los hacen así en Uhersky Brod aunque aquí no nos lleguen con regularidad.

Estos checos tienen buena fama por calidad y precio y la verdad es que se la merecen.

Cartuchos y proyectiles

Cartuchos y proyectiles

IMG_2388Como tantas veces hemos dicho, las armas, y para todos los usos, han de reunir una serie de características mínimas en cuanto a seguridad, fiabilidad y precisión, más aún cuando se trata de emplearlas en situaciones ya un tanto extremas por el entorno y el trato en el que han de desenvolverse durante una cacería de este tipo, a lo largo de un buen número de jornadas y a miles de kilómetros de nuestra casa.

Pero también hay que repetir que no menos fundamentales serán los visores telescópicos que las complementen, pues de ellos y su correcta instalación dependerá siempre el resultado de los disparos, lo mismo que la munición elegida, el “vínculo” entre cazador y presa.

En este safari dos de los cazadores volvían a utilizar, como en 2008, el calibre .338 Win Mag, un cartucho presentado por la compañía Winchester en 1958, basado en la vaina del .458 WM, estrechada para acoger una punta de 8,6 mm de diámetro. Con él se ofrecía un instrumento adecuado para todas las especies “grandes” americanas, aunque las excelentes prestaciones del .338 hicieron que no tardara en extenderse entre muchos cazadores para su uso sobre especies europeas y hasta africanas.

Es producido por diferentes fabricantes y en España goza también de una excelente reputación, siendo muy empleado en monterías y esperas, e incluso en recechos al conservar una muy buena balística en tiros a notables distancias. Generalmente se encuentra aquí con puntas de entre 200 y 250 grains, aunque existen para él de otros peso inferiores y hasta de 300.

Yo llevo empleándolo ya más de veinte años y con distintos rifles, siempre a plena satisfacción. Su retroceso no es precisamente suave (aunque incuestionablemente menor que el de sus “primos” .340 Wea ó .338 Lapua), pero una culata de diseño correcto y una de las modernas cantoneras de gel pueden mejorar mucho las cosas en caso de ser sensible a ese ineludible efecto físico, y al margen de la eficacia de la opción siempre presente desde los modernos frenos de boca. En cualquier caso puede afirmarse que es uno de los cartuchos más versátiles de cuantos existen.

Nosotros empleamos las Core Lokt Ulra de 225 para la generalidad de las especies, reservando las Premium Safari con punta Swift de doble núcleo e igual peso para los animales de mayor talla, como el eland y el kudu, asegurando así un mejor compromiso entre penetración y expansión en estos casos.

El otro protagonista principal fue el .300 Win Mag que disparaba el Steyr Pro Hunter y con el que ya saben conseguimos también un buen número de trofeos.

De nuevo se repiten esos dos proyectiles antes mencionados (con puntas de 180 y 200 grains, respectivamente), al que también sumamos el Swift Scirocco de 180 pensando sobre todo en los lances con los springbucks, con los que ya nos habían advertido sería difícil disparar muy por debajo de los 300 metros. Con estas balas de excelente coeficiente balístico, una ojiva aguzada que beneficia su aerodinámica y optimizadas por la “cola de bote” en la base, la trayectoria se mantiene mejor durante más tiempo. Sabíamos también la dificultad que muchas veces implica la caza de esas pequeñas gacelas por su constante “dinamismo” y por lo nutrido de sus manadas, sin dejarte disparar limpiamente al animal elegido; pero lo que no nos habían dicho era el terrible viento racheado que íbamos a padecer.

Recordaremos que el .300 Win Mag, evidentemente también un producto de Winchester, se comercializó en 1963, es seguramente uno de los cartuchos más internacionalmente populares para caza mayor (también en España, por supuesto), y que es hoy cargado por la práctica totalidad de los fabricantes de munición.

Existen para él muchas opciones en cuanto a peso y configuración de proyectiles, seguramente el abanico más extenso en función de la universalidad del calibre .30 ó 7,62 mm.

Por último, al safari llevé también un rifle del .375 H&H Mag, sobre todo por la posibilidad comentada de cazar un búfalo, pero el hecho no se concretó (esta vez) y sólo disparé algunos cartuchos Remington Soft Point de 270 grs (ciertamente blandos como su denominación indica), sobre varios antílopes, quedando los Premium Safari Grade y los cargados con punta sólida Trophy Bonded Sledgehammer para la próxima ocasión.

Safari en Africa

NYALAS: Experiencia nocturna

Telémetro Bushnell Scout 1000Nyala se llama en lengua Swahili a este antílope casi exclusivo del sur del Continente Africano, además de ser una localidad sudanesa y hasta un vehículo multipropósito desarrollado en Sudáfrica y actualmente en pruebas por el Ejército Español.

Se trata de un atractivo animal cuya alzada supera el metro en los machos adultos (más grandes que las hembras, además de majestuosos y muy diferentes en su aspecto), que puede llegar a los 140 Kg. Son, como sucede con los sables o antílopes negros, peculiares en su reproducción, lo que implica que en las fincas de caza suelen estar casi aislados y mimados, lo que redunda en un precio notablemente alto.

El nyala sería la especie que cazaríamos en Elandsbosch el primer día de nuestra estancia en la provincia de Limpopo, tras las dos jornadas que dedicamos a las de planicie en Potchefstromm, a más de 400 Km. Aquí el entorno es muy diferente y esos tiros a 300 metros que hicimos ayer (y que podrían haber sido a 3.000 en extensiones sin un solo árbol) desde luego es muy difícil que se repitan. La vegetación que nos rodea va de densa a literalmente impenetrable, la caza, la simple apreciación de los animales, es bien complicada, pero el entorno es en todo mucho más atractivo y salvaje y los animales tienen un incomparable nivel de defensa que sin duda merecen. Los que cazamos en el Noroeste simplemente aquí no existen.

¡Indispensable!Por el traslado son ya las cuatro de la tarde cuando salimos desde el campamento con Hannes para dar un vistazo a la zona de los nyalas; Manolo y yo tenemos los rifles a mano, mientras Javier y Diana ocupan la segunda fila de asientos en la caja de la pick-up y el profesional escudriña el terreno desde el “púlpito”, como he bautizado a un ínfimo asiento situado todavía más alto y atrás, donde apenas caben los pies, desde el que Hannes se sujeta a una barra de hierro que se proyecta desde la estructura del coche, y que a veces se convierte en el punto de observación privilegiado –o único– para poder ver una pieza entre la espesura. A la vez, como supondrán, es el sitio desde donde mejor fallas el tiro, aunque la alternativa de bajarte es tan simple como dejar de ver al bicho; da igual que esté a 20 ó 200 metros porque un muro de árboles y arbustos muchas veces te lo impedirá.

Pero, esta vez, el lugar donde Hannes se ha bajado del coche con Manuel no es tan espeso y ambos comienzan una aproximación hacia una zona de árboles a unos 150 metros. El pistero y yo los observamos desde el coche y Diana se ha unido a ellos con su ya casi inseparable cámara de video.

El lance no puede ser más rápido ni más perfecto. Desde mi posición elevada y con los prismáticos puedo ver perfectamente cómo un buen nyala se mueve entre los árboles y, pese a las ramas y arbustos, éstos no son ni tan espesos ni tan altos como para no intentar el disparo. Los cazadores aún se acercan hasta unos 80 metros cuando veo como el Sako .338 Win Mag de Manolo se dirige hacia el antílope que no se ha percatado de su presencia y está inmóvil y prácticamente de costado. Sólo unos instantes, y a la vez que suena el tiro el nyala ya no está donde estaba, o al menos no está visible. Espero unos segundos para comprobar si hay movimiento, pero se confirma que la bala A-Frame de 225 grains lo ha dejado “seco”. Abrazos y felicitaciones, a la vez que me hacen señas para que me acerque con la cámara de fotos… y con el flash, porque la luz del día ya prácticamente ha desaparecido. Sin embargo, Hannes se agacha e indica que Manolo y mi hija hagan lo mismo, a la vez que se lleva el índice a los labios indicando silencio; algo que sé por haberlo visto después en el vídeo, no porque pudiera apreciarlo a la distancia a la que estábamos unos de otros.

Llego hasta ellos con todo el sigilo posible y el profesional me dice que ha visto otro nyala moviéndose a unos 100 metros al frente y que se ha parado entre unos árboles. Le digo que con la luz que hay casi será mejor dejarlo para mañana, pero me insiste en que el trofeo es muy bueno y que lo intentemos.

Reconozco que no me gusta nada cazar con tan poca luz, lo primero porque en esas circunstancias ya veo bastante regular (además de que el visor que llevo tiene sólo 36 mm de objetivo y no es lo idóneo para la ocasión) pero, sobre todo, porque no cobrar el animal con la noche por delante puede suponer que al día siguiente, si es que lo encuentras, te lleves el disgusto de que leopardos, hienas o caracales se han encargado de arruinar la piel del trofeo –que el tema no es igual aquí que en los Montes de Toledo– al margen de que no me guste ni suponer que dejo un animal herido durante horas o días. Y no olvidemos tampoco de que si hay sangre pagarás la pieza, la cobres o no, aunque doy fe de que profesionales y pisteros harán todo lo posible por conseguirla. Pero Hannes me insiste y acordamos que sólo tiraré si lo veo del todo claro, aunque ya me entienden que es una forma de hablar; allí lo único que ya se veía claro en el entorno eran los dientes del pistero. ¡Vamos allá!.

Los miles de ramitas que no podemos impedir pisar crujen bajo las botas, confirmando cómo los sonidos parecen magnificarse con la noche. Apenas subsiste una leve línea rojiza en el horizonte y en sólo unos pocos minutos tendremos que hacer uso de las linternas para volver hasta el camino; pero seguimos. Hannes encabeza la marcha, recto hacia donde ha visto cubrirse al nyala, sin perder un segundo de vista aquellos árboles, y caminando rápido, silencioso y agachado de una forma verdaderamente envidiable. Una vez más mira con los prismáticos –que ahora se agradecen incluso más que de día–, y me señala un poco más a la derecha. Miro por el visor y veo que el nyala está totalmente descubierto, comiendo, y casi de espaldas. Necesito ver sus cuernos, y como si hubiera oído mi pensamiento levanta la cabeza y gira el cuello hacia nosotros. ¡Es bueno de verdad!

Para qué diré que no voy a hacer lo que acabo haciendo. Está a menos de 100 metros, parado, y si le tiro suficientemente trasero el ángulo en que está hará que la bala llegue a su caja torácica. Es justo el momento de echar de menos, como ya me pasó con el ñu negro un par de días atrás, una retícula iluminable en el visor –un complemento muy práctico que recomiendo de verdad y que vale lo que cuesta–, pero no hay tiempo para dudas y me veo en la necesidad de decidir que… ese trofeo se viene para España.

Zambombazo del .300 Win Mag y el nyala da un extraordinario salto hacia arriba y a su izquierda, cayendo hasta dar con el vientre en el suelo, pero saliendo al galope en una fracción de segundo.

Le has dado, bien de altura pero delantero, me dice Hannes (cómo lo podrá ver, me digo yo). Así que, pese a todo el cuidado al apretar el dedo, me he ido un montón de centímetros hacia la derecha (o el animal ha girado levemente el cuerpo en ese instante, déjenme algo del beneficio de la duda), y ahora tenemos un magnífico nyala que de noche no podremos pistear si es que no está lo suficientemente herido para pararse o echarse. Le he pegado, seguro, pero según ha corrido puedo también temerme lo peor, aunque ya son más que unos cuantos los bichos que visto recorrer centenares de metros hasta caer muertos por un único disparo. Los tiros fulminantes, como el de Manolo unos minutos antes, o los de mi eland u oryx del anterior safari, suelen implicar impactos en la cabeza o la columna, de otra forma lo normal es que los animales salgan corriendo, incluso a veces sin apenas “abocinarse” o acusar el impacto.

Echamos a andar hacia “el tiro” para ver si hay un rastro claro o si el nyala ha podido caer en las proximidades, pero no hemos recorrido ni diez pasos cuando Hannes me para. En un pequeño claro, a unos cuarenta metros de donde estaba el antílope cuando disparé, vemos un nyala parado y puede suponerse que sea el herido. Pero no puedo disparar sin cerciorarnos de que es el mismo animal, pues de otra forma serían lógicamente dos los que habría de pagar y no hablamos del coste de un impala, sino de mucho más… unas ocho veces más, y de nuevo repito que no se trata de dejar ningún animal herido en el campo.

Lo podemos ver porque su silueta se recorta sobre un fondo de hierba rubia, pero de ninguna forma apreciar una herida que confirme que es a éste al que debo tirar. Debe estar a unos 90 metros, pero no se mueve un ápice para poder apreciar si de alguna forma cojea. Hannes es consciente de la situación, de que ya casi tampoco él ve, pero, como hablando para sí mismo, repite una y otra vez ¡Espera, espera!.

Pudo pasar un minuto, sesenta segundos de verdad, hasta que el nyala decide moverse – ¡y está tocado! –, girando hasta darnos la espalda y yendo a ocultarse entre los árboles donde seguro no le podré tirar. Sólo hay un ínfimo claro unos metros por delante de él, como una ventana, y allí espero a que aparezca… si sigue en esa dirección. ¡Tírale detrás del hombro! me dice Hannes, pero hay que intuir más que ver dónde está el hombro. ¡Ahí va otra bala del .300! y puede apreciarse que le he vuelto a dar, aunque Hannes me dice que otra vez delantero. Echamos a correr, ya no hay ni tiempo ni luz para aproximaciones sigilosas, y mucho me temo que hasta mañana, si es que hay suerte, no conoceré de cerca a mi trofeo de nyala.

Justo en la “ventana” Hannes comprueba unas gotas de sangre y repite que el tiro está por delante de donde debiera… pero unos pasos más y las gotas pasan a ser una enorme mancha oscura en el suelo (que no había luz ni para ver los colores), y otra, y otra… ¡Aquí está! grita por fin el fornido sudafricano. Por una vez él se ha equivocado en unos centímetros y la Remington Core Lokt Ultra de 180 grains ha entrado por el costado en la zona más vital, llevándose incluso alguna arteria que supuso que el antílope no anduviera ni quince metros desde el disparo. Sin duda es un magnífico nyala.

Una vez más las fotos confirman lo dicho sobre las condiciones de luz en que se desarrollaron estos lances. Para colmo esa misma noche, ya madrugada –la única en la que el frío no nos impidió salir al campo con la intención de conseguir alguna hiena o caracal– Javier cazaría otro buen nyala, una espectacular especie africana que, pese a lo que puedan suponer por lo comentado, no es especialmente nocturna.

Por fin, muchos cazadores españoles van asumiendo la importancia de estos elementos de moderna tecnología y la ayuda que pueden prestarnos. Los telémetros son instrumentos casi siempre compactos y ligeros que ofrecen una información imprescindible en cualquier rececho, pero igualmente importante en una montería para conocer las distancias a los posibles diferentes puntos de disparo desde el puesto. También suelen incluir en su óptica un rango de aumentos (generalmente 5 ó 7) que ayuda mucho en la apreciación de la pieza mientras se produce la medición.

En este safari sabíamos que haríamos tiros largos, como así fue con varios springbucks en torno a los 300 metros, al margen de otras piezas en muy diferentes situaciones, con las que siempre fue muy válido conocer la distancia a la que se encontraban.

Durante esta cacería empleamos un aparato Leica, excelente pero ya bastante veterano, que sólo ofrece el dato de la distancia desde unos dígitos que se iluminan en rojo. Pero también tuvimos oportunidad de utilizar un telémetro Bushnell Scout 1000, incuestionablemente más moderno, ergonómico y cómodo de utilizar, en el que se demostraba cómo el paso de unos cuantos años ha supuesto también un extraordinario incremento de las prestaciones de estos dispositivos.

El Scout 1000 no sólo informa de la distancia hasta el punto elegido para la medición mediante su sistema láser en un rango de entre 5 y 900 metros, y con más o menso sólo un metro de error, sino que además tiene más funciones y ofrece tres diferentes métodos de uso. Así, en el denominado Modo Scan el display ofrecerá de forma continuada la distancia a cualquier punto por el que vaya pasando el sensor, brindando así una rápida y constante información sobre el entorno. Por otra parte, el Modo Bullseye se ha previsto para ser utilizado en situaciones que podríamos calificar de cercanas, sobre blancos de pequeño tamaño, seleccionando siempre el telémetro el objeto o pieza que se encuentre más próxima.

Por último el Modo Brush ignora los arbustos, ramas u otros elementos similares que se interpongan hasta la pieza, dando la medición exacta hasta ésta. Es francamente curioso cómo y lo bien que funciona.

Esta, recubierto de goma, es impermeable, pesa menos de 200 g, es cómodo de usar, y muy recomendable.

Vivir para cazar

Hannes: vivir para cazar

023_23Hannes Lamprecht es descendiente de alemanes, y sudafricano de cuarta generación. Es, como Gerhardo Steenekamp, y un buen número de sus compatriotas, cazador profesional, un trabajo al que se dedica en exclusiva desde hace ya casi una década, aunque de hecho en su caso podríamos hablar más de una pasión heredada de su abuelo, que su padre no siguió dedicado a la agricultura y la ganadería; algo casi inherente a los sudafricanos blancos del medio rural desde el inicio de su presencia en aquellas tierras.

La labor de estos profesionales de la caza es sin duda imprescindible para quienes nos embarcamos en esa aventura que supone trasladarse a la auténtica naturaleza en un país a miles de kilómetros del nuestro, donde desde las especies vegetales a las animales son muchas veces desconocidas o diferentes, donde la variedad y cantidad de los animales implica muy variables formas de cazar, donde también nos enfrentaremos a idiomas, costumbres y formas de vida muy distintas de las nuestras, y hasta donde la presencia y asistencia de uno de estos profesionales puede suponer la cara o la cruz entre una experiencia del todo gratificante o un auténtico desastre.

En nuestro caso, ya son más de veinte jornadas en las que hemos estado, casi sin excepción, “cazando” entre diez y doce horas diarias con Hannes. Él ha sido un buen ejemplo de hasta qué punto estos profesionales conocen las peculiaridades y querencias de ese gran número de especies que nos motivan a viajar hasta Sudáfrica. De cómo su vista, oído e intuición se han puesto de manifiesto para facilitarnos tantas veces las cosas.

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Hannes tiene además otro “detalle” muy personal, como es su pasión por el deporte y concretamente participa con asiduidad en los concursos que internacionalmente se conocen como “El hombre más fuerte del mundo”, donde pone en evidencia su extraordinaria fuerza, fruto de las varias horas de gimnasio a las que se dedica los días en que no caza, porque en los que sí lo hace podemos dar fe de que ejercicio y esfuerzo no es precisamente lo que podrá echar de menos.

Hannes, como muchos otros profesionales de la caza a los que también ya conocemos –aunque desde luego con menos intensidad– se merece nuestro respeto y admiración, además de haberse ganado nuestra incondicional amistad.

Si todo se desarrolla favorablemente nuestra próxima experiencia tendrá los búfalos como protagonistas.

Rifles

Rifles CZ: cantidad y variedad

 

 

BRNO-STOPPER

Brno Stopper, un express de doble cañón basculante y calibre .458 Win Mag

CZ-527-CARBINE

Modelo 527 Carbine de acción corta, desde el .222 Rem hasta cartuchos tipo .308 Win, 7,62x39, etc.

CZ-550-AMERICAN

550 American, desde el .22-250 al 9,3x62. Existe con culata de madera o sintética.

CZ-550-FS

550 FS, la clásica configuración centroeuropea de caja larga, al estilo Mannlicher.

CZ-550-SAFARI-CLASSICS

550 Safari Classics, producido en diferentes calibres africanos, desde el .300 H&H Mag

CZ-550-SAFARI-MAGNUM

550 Safari Magnum, similar al Classics salvo detalles, y asimismo en vari os grandes calibres.

CZ-550-VARMINT-LAMINATED

550 Varmint laminated, con cañón pesado, culata de madera laminada y sin miras metálicas.

cz09-550-American

550 American Safari magnum, con culata recta al estilo americano.550 American Safari magnum, con culata recta al estilo americano.

cz09-550-AmericanSafari

El nuevo 550 American Safari se ofrece también con culata sintética.

CZ550

Nuevo CZ 550 EHT con culata Bell & Carlson para tiro y empleo táctico.

CZ-750-S1-M1-SPORT

Modelo 750 Sniper para tiro de precisión, basado en la acción del 550.

Springbucks: tiros a 300 metros

Springbucks: tiros a 300 metros

IMG_0169El springbuck (ciervo saltarín), es el animal emblemático de Sudáfrica. El peso de un macho adulto ronda aquí los 30 kg, se dan en planicie y aproximarse a ellos no es nada sencillo, con lo que es frecuente tirar desde unos 300 metros.

Son extraordinariamente inquietos, rápidos y basta con que sólo uno dé dos zancadas para que toda la manada emprenda una fugaz carrera que la aparte muchos más centenares de metros de ti. Además, cuando piensas tener localizado el que quieres tirar, los constantes movimientos del grupo te lo ocultarán, sus cabezas suben y bajan sin cesar para comer, las hembras también tienen cuernos y el tema puede ser tan divertido como casi desesperante. Menos mal que teníamos coche, porque intentar seguirlos a pie hubiera supuesto que todavía estuviéramos en África persiguiéndolos.

Pero si a todo esto le añades una hierba de más de medio metro de alto, un viento fortísimo y, lo que es peor, constantemente racheado, el asunto se complica de verdad.

Diana y yo utilizamos el Steyr PH y elegí los cartuchos Remington Scirocco de 180 grains, habida cuenta de su excelente configuración y balística para tiros largos. Pero el viento complicaba mucho las cosas y yo me quedé corto con el primero y alto con otro hasta acertarle de pleno a 276 m.

Diana consiguió el mejor trofeo a 284, casi de noche y tras otros tres intentos. Gerhardo nos dijo que “lo normal son tres balas entre el bicho y tú”, pero hubo quien tiró diez, y es que era muy difícil corregir los disparos con ese viento.

Un oryx de récord

Un oryx de récord

IMG_1887Diana tuvo la suerte de conseguir un extraordinario trofeo de oryx. Una hembra con casi 105 cm de cuerna que, pese a ser más largas y finas que las de los machos, deja muy atrás al que yo conseguí el año pasado y de 84. Seguramente será el record de la región. Pero tras el disparo, hecho en difíciles condiciones desde el “púlpito” al que me refiero al hablar de los nyalas, iniciamos un pisteo por una zona tan espesa que no he podido resistirme a mostrarles, aunque sea con la pobre calidad de una imagen tomada del video en el televisor. Litertalmente no se veía a un metro de distancia.

Los oryx heridos son delicados en estas circunstancias y Hannes abría paso con el rifle por delante. El rastro era impresionante, lo que nos hizo pensar que estaría herido en el cuello, pero cuando encontramos al animal, a unos 100 metros del tiro, y cuando seguramente no le quedaba una gota de sangre en su interior, lo que vimos no fue menos impactante.

Seguramente por la velocidad de la bala del .300 y porque ésta rozara en alguna rama, el proyectil debió impactar de costado, abriendo un boquete de no menos de 10 cm de ancho por 5 de alto, pero no en el cuello, sino en el costado, afectando los órganos más vitales. Viendo luego el corazón, atravesado por un enorme boquete, se hacía casi increíble que hubiera podio correr aquella distancia.

Hannes me dijo si podía volver al coche a por los machetes, pues era imposible sacar de allí el animal entero y mucho más acercar el vehículo, pero cuando volvíamos hasta ellos con los “pangas”, resultó que el profesional y el pistero habían decidió cortar el oryx “por la mitad”, vaciarlo y antes de que regresáramos Hannes ya salía de la espesura con medio antílope a cuestas.

Volvió a por el otro medio –que ni me imagino moverme en ese mar de ramas y espinas con semejante “paquete”– y cuando le pregunté cómo lo había hecho me mostró la navaja Victorinox que le había regalado el año pasado. Le llevó sólo unos minutos y ya era lo que nos faltaba por ver.

Lo dicho: ¡De récord!

URL: http://www.revistaarmas.com/?p=1940

Escrito por Redacción el nov 18 2009. Archivado bajo head, Rifles. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

2 Comentarios por “Safari 2009 (y III): CZ 550 Safari Magnum, variedad de opciones”

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