Rifles SRS, multicalibre, alta precisión y tamaño compacto
Hay un sector en el mundo de las armas ligeras que está viviendo en los últimos años una “eclosión” significativa de productos y de soluciones técnicas. Es el de los rifles surgidos para actuar en cometidos de precisión extrema, los que los “sniper” emplean para batir distintos blancos de “alto valor”. El presente artículo trata sobre uno de los más recientes y avanzados.
Octavio Díez Cámara
Fotos del autor, salvo indicadas
Este artículo incluye 30 imágenes con sus correspondientes comentarios en la edición impresa del número 332.
Se da la circunstancia que la realidad militar y policial de la última década del siglo pasado y de la que acaba de terminar ha propiciado la adquisición, tanto por unidades consideradas de élite como otras de tipo más convencional, de distintos modelos que les permiten explotar una necesidad que, aunque no nueva, ha visto resurgir sus capacidades. Un solo hombre o un binomio de tirador y apuntador operando con un rifle de alta precisión son un dispositivo que ofrece unas capacidades especialmente útiles, ya sea para resolver un secuestro neutralizando a los captores, como para realizar acciones “quirúrgicas” en el campo de batalla. En este último entorno, y tanto en Iraq como en Afganistán, se ha demostrado la idoneidad que los especialistas pueden ofrecer, sobre todo actuando contra quienes intentan emboscadas o contra grupos que se encuentren fuera del alcance de las armas convencionales de los soldados, ahora sobre todo fusiles de asalto y ametralladoras del poco potente 5,56×45 mm.
Los combates en los escenarios iraquí y afgano han propiciado muchos cambios en la forma de operar en unidades militares formadas en un espectro más convencional y que han tenido que adaptarse a las peculiaridades de lo que ahora se define como “enfrentamientos asimétricos” e “híbridos”. Es esa lucha en la que los rifles de precisión cobran un valor añadido, porque son capaces de ofrecer un elevado rendimiento en relación a su coste y eficacia, un “detalle” que siempre se tiene que tener en cuenta a la hora de valorar la eficiencia de un sistema de armas.
Tomando como modelos que tienen un precio bastante ajustado –un rifle puede valer de dos a diez mil euros–, puede obtenerse un sistema que va más allá de las prestaciones iniciales, sobre todo si se le añaden complementos como visores ópticos de gran capacidad o se recurre a sofisticados medios de puntería nocturna o térmica, accesorios a los que siempre se pueden añadir otros dispositivos y equipamientos propios de estos especialistas.
Es una base de partida que, en función del calibre y origen, puede obtenerse con una inversión media de unos treinta mil euros, suma que incluiría maletines de transporte, anemómetros, sistemas de toma de datos atmosféricos, munición, bípodes, libros de tiro y otro material imprescindible. Faltaría entonces lo más importante, el propio usuario, el tirador que debe cumplir una serie de requisitos que ahora se conocen bien. No basta con darle un buen rifle a un soldado y que tire unos cientos de cartuchos sobre blancos a distancias conocidas. Hay que obtener un “recurso crítico” que sea capaz de trabajar en condiciones difíciles y de permanecer varios días aislado llegado el caso. Que tenga habilidad para batir objetivos a todas las distancias. Que sea capaz de moverse con discreción, de ocultarse sin ser detectado y de realizar sus acciones hasta salir indemne ante patrullas que intenten localizar su posición.
Son una serie de cualidades que se obtienen con un proceso de formación que suele ser largo y que puede requerir no menos de dos años de intenso y continuado trabajo, siempre que se intente formar a verdaderos profesionales en la materia. Ser “sniper” es algo bien distinto de lo que caracteriza a aquellos que tiran regularmente con armas largas, colectivos a los que ahora se suman muchos interesados por las capacidades de municiones tan eficaces como el .338 Lapua Mag.
Llegados a este punto, el lector podrá preguntarse qué tiene todo esto que ver con el rifle que protagoniza estas páginas. ¡Pues mucho!. El contexto en el que se trabaja actualmente para poner a punto armas de precisión extrema, tanto de cerrojo como semiautomáticos, que ya han demostrado ser “casi” tan válidos como los de repetición, ha derivado en que sean muchas las empresas las que han puesto a punto modelos más o menos novedosos. En esa carrera contrarreloj se trabaja sobre todo con productos muy elaborados y recurriendo a los mejores materiales. Se valoran culatas muy ergonómicas y desarrolladas, y se ultiman soluciones que hasta hace poco podían considerarse extraordinarias.
Este sería el caso de los avances surgidos respecto a los cañones. Se trabajaba con estándares de 24 ó más pulgadas de longitud en armas del 7,62x51mm, pues se buscaba tanto una velocidad elevada como buena precisión a distancias de hasta 800 metros. Pero los últimos desarrollos han llevado esa longitud a cifras tan cortas como 16 ó 18”, demostrando que con rifles mucho más compactos, y además algo más ligeros para favorecer su manejo y portabilidad, pueden conseguirse agrupaciones tan cerradas como las de modelos que tienen veinte centímetros más de cañón. Es un caso que, con sus adaptaciones lógicas, podría trasladarse al grosor, pues hay diseños en los que se ha conseguido reducirlo, sobre todo optando por la introducción de canales longitudinales en su superficie, retirando material que añadía un peso extra y favoreciendo así un mejor nivel de refrigeración para mantener, disparo tras disparo, el punto de impacto.
Tengo la oportunidad de acercarme a la realidad actual a través de visitas a fabricantes y a numerosas muestras de armamento internacional, amén de unidades policiales y militares de numerosos países, y en ese entorno he podido percibir algunos detalles del cambio que les he descrito, aunque no son muchas las firmas las que han sabido aglutinar los cambios más recientes en su producción.
Pese a que aún es poco conocida, hay una compañía que ofrece una serie de rifles capaces de obtener prestaciones muy superiores a las de diseños más convencionales. Me refiero a la estadounidense Desert Tactical Arms –www.deserttacticalarms.com–, dirigida por Nick Young.
Su experiencia en el mundo del tiro a larga distancia es el resultado de una pasión personal, la que comenzó a forjar cuando tenía veinte años. Tras participar en diversos cursos de formación y su paso por el equipo de tiro de la Universidad de Utah, comenzó a compaginar su trabajo en el ámbito las finanzas con la competición y la caza. Su pasión comenzó a ser algo más, por lo que se decidió a trabajar para mejorar algunos aspectos ergonómicos, pues la mayoría de rifles que usaba eran demasiado largos y muy pesados. En esa evolución, tras tres años y medio de investigaciones, fundó en 2007 la compañía que dirige. Sus primeros prototipos los presentó en el Shot Show de Las Vegas de 2008. Ahora trabajan en su fábrica más de treinta personas y sus modelos comienzan a ser conocidos más allá de las fronteras estadounidenses.
Parte del éxito conseguido en tan poco tiempo se debe al concepto aplicado en sus rifles, los que se conocen como Sistema de Tiro de Alta Precisión SRS (Stealth Recon Scout). Como cualidades de este diseño genérico destacan cinco que son básicas: tamaño compacto, precisión, facilidad para cambiar el calibre, resistencia y ergonomía.
La primera viene definida por la aplicación del concepto “bullpup”, el que retrasa la acción hacia la zona de la culata para reducir la longitud de forma drástica. Su aplicación ha permitido reducir en más de 30 cm una propuesta clásica. Se evita así tener que adoptar culatas plegables que suelen dar problemas de rigidez con el paso del tiempo. Consiguen que su diseño sea más corto –según ellos la mejor referencia en cuanto a tamaño de las armas de precisión actuales–, y que el conjunto tenga un mejor equilibrio, detalle que se valora favorablemente tanto en el transporte como en la propia acción.
Garantizan una precisión que se sitúa sobre el ½ MOA (Minute Of Angle) en cualquiera de los calibres, lo que las sitúa a la par de lo que otras propuestas internacionales son capaces de conseguir. En su caso, la diferencia estriba en que sus cañones son desmontables con suma facilidad, lo que añade un reto a la hora de conseguir que la unión al arma se realice sin tolerancias que afecten los resultados del tiro. Sus cañones quedan fijados de forma totalmente flotante, son de tipo Match y cuentan con una recámara adaptada a las especificaciones militares, detalles a los que hay que sumar las propias cualidades del mecanismo de disparo, también de tipo Match.
Un tercer aspecto positivo es la posibilidad de cambiar el calibre, de forma que con un arma se pueden disparar cuatro distintos. El concepto básico surgió como un arma del.338 Lapua Mag, pero tras contactar con representantes del ámbito profesional se aplicó la idea de poder convertirlo a otros también interesantes: el .308 Win y el .300 Win Mag. Eliminan con el primero los problemas de sobre penetración cuando se trabaja en entornos urbanos y mejoran las pautas de entrenamiento, pues quien está familiarizado con el arma puede escoger, en función de las necesidades, una u otra opción. A este respecto, el único problema que encuentro es el de la homogeneización del visor, pues cada vez que se varía el cañón se cambia la balística y habría que introducir una serie de correcciones en la referencia de tiro, aunque este aspecto puede haberse preparado con anterioridad y se puede soslayar con visores preparados de antemano para cada cañón.
En cuanto a la resistencia, podemos señalar que en su manejo llama la atención el nivel de integración de los diferentes elementos y el que para fabricarlos se combinen hábilmente los materiales más modernos y apropiados. La mayor parte de la carcasa está fabricada en aluminio de grado aeroespacial del tipo 7075-T6, el cañón y otros elementos son de acero de altísima resistencia, mientras que la parte inferior de la carcasa es de polímero. Todo el conjunto recibe un tratamiento exterior que lo convierte en casi inmune al trato más duro que pueda recibir y hace que su aspecto sea igual al del primer día tras meses de empleo operacional.
Buscando el carácter de máxima resistencia, han integrado los mecanismos de forma que queden perfectamente resguardados en la culata-chasis, a la vez que se ha eliminado la necesidad de realizar ningún proceso de “bedding”. Consiguen, como resultado inmediato, que el arma sea capaz de operar en distintos escenarios sin que las condiciones ambientales extremas afecten en lo más mínimo a sus prestaciones finales.
Un quinto factor positivo es el que afecta a la elaborada ergonomía. Además, a la corta longitud, que ayuda a encarar muy bien el arma, hay que añadir detalles como: disparador tipo Match, cantonera con elementos de ajuste que permiten variar su grosor, carrillera optimizada para conseguir el mejor alineamiento entre el ojo del tirador y el visor –no es regulable pero cumple su función a la perfección–, pistolete ergonómico, cantonera trasera elevada para reducir el retroceso y minimizar la relevación, palanca de seguro ambidiestra, giro del cierre de sólo sesenta grados, retenida del cargador ambidiestra, y un sistema que permite fijar la correa portafusil en nada menos que catorce puntos distintos.
Desert Tactical Arms, en Salt Lake City (Utah), propone una opción de compra bien distinta de la de otras firmas. El concepto del rifle SRS se basa en el chasis del arma, un elemento que se ofrece con acabado negro y verde y que puede añadir el tono coyote en los paneles de la culata. Su precio en origen es de unos 1.700 euros a día de hoy.
En función de las necesidades de cada utilizador, se escogerá entre cuatro conjuntos distintos, lo que ellos llaman “kits” de conversión. Están formados por el cañón propiamente dicho, el cierre y el cargador y se ofrecen para disparar los cartuchos: .243 Win, .300 Win Mag, .308 Win y .338 Lapua Mag. Su coste unitario es de unos 900 euros, aunque la última asciende a 1.200 al incluir también un sofisticado freno de boca.
Al chasis y a los “kits” hay que añadir una serie de complementos que son imprescindibles para conseguir disparos extremadamente precisos. Por ello Desert Tactical Arms ofrece robustas anillas para fijar las ópticas, cargadores de cinco o seis cartuchos en función del calibre –los de mayor capacidad se corresponden con los de las dos municiones más pequeñas–, frenos de boca, correas portafusil, herramientas para el desmontaje, un conjunto de repuestos básicos, maletines de transporte rígidos o blandos, bípodes, supresores de titanio y convencionales en cuatro opciones que van desde los 1.300 a los 2.500 euros, o una serie de visores que destacan por su gran capacidad de ajuste, un aspecto necesario cuando lo que se desea es disparar a grandes distancias. Entre otros modelos se incluyen el U.S. Optics SN-3 TPal de 1-17x44mm, los Schmidt & Bender de 4-16×50 ó de 5-25×56, el clásico Leupold de 3,5-10×40 LR M3 o los novedosos Nightforce NXS NPR2 5.5-20×50.
Sumando los precios del chasis, conjunto de conversión y óptica, que son los tres elementos más costosos de una posible configuración básica SRS, encontramos que un rifle puede salir entre cuatro y seis mil euros, cifra a la que habría que añadir otros mil más para tener los complementos básicos que se requiere o dos mil si se desea tener un segundo cañón adicional. Por ese importe final, y teniendo como referencia que hablamos de importes en origen –cuando un arma se exporta desde Estados Unidos a países como España había que añadir un 20-30% más en concepto de gastos, impuestos y transporte–, nos encontramos con un producto que es especialmente atractivo y bastante más asequible que otras opciones, como por ejemplo la serie germana DSR-1, que ya han llegado a nuestro país, demostrándose así que en el mercado internacional pueden encontrarse productos de primer nivel a un coste más que interesante para aquellos grupos profesionales que deseen contar con el mejor armamento. Es una opción también válida para el sector civil, porque cada vez son más los deportistas que se animan a la práctica de modalidades de tiro en las que el objetivo está más allá de los cien metros, toda una referencia de que el sector necesita “acicates” que renueven el interés de las nuevas promociones de aficionados.
Sin entrar en más valoraciones económicas, lo que destaca es que el diseño que les presentamos tiene una serie de cualidades que lo hacen especialmente atractivo frente a otros más convencionales. Ese fue un detalle que nos animó a acercarnos más al producto y a presentárselo en exclusiva para nuestro país.
Tuvimos la oportunidad de probar un par de ejemplares. Fue en Orlando y el escenario concreto uno que nos es especialmente familiar, el campo de tiro de la oficina del Sheriff del Condado de Orange.
Allí, en el polígono acondicionado hasta setecientas yardas, tuvimos la grata sorpresa de encontrarnos con los rifles SRS, una prueba que pudimos hacer gracias a la amabilidad de la empresa, que nos ha facilitado parte de las ilustraciones que acompañan estas páginas y la documentación que nos ha permitido elaborar este amplio reportaje.
Después de conversar con el diseñador y tomar una buena cantidad de fotos, procedimos a realizar un análisis pormenorizado del producto. Comprobamos la idoneidad de la cantonera y que las sensaciones que traslada al hombro del tirador no son, pese a su tamaño y densidad, nada malas. Verificamos el cargador, construido con chapa de acero de notable grosor, suficientemente robusto para soportar el trato más duro y, lo que es más importante, para que este elemento no sea una fuente de problemas, pues suele ser un aspecto crítico en otros diseños. El diseño y material del pistolete permiten un empuñamiento muy eficaz y cómodo. Su parte frontal tiene tres ligeros rebajes que permite situar allí otros tantos dedos.
Con el dedo pulgar se actúa sobre la palanca de seguro de dos posiciones y poco recorrido. Además de la disposición general de los elementos en esa zona nos gustó que el recorrido del disparador, por supuesto regulable, sea limpio y corto, con dos tiempos bien diferenciados que no requieren apenas proceso de adaptación.
La parte delantera del arma incluye un guardamanos integral, elemento en el que destacan cuatro agujeros que permiten situar allí el anclaje de la correa portafusil, para variar el punto de fijación según el gusto de cada uno. Los cañones pueden incorporar en su boca un casquillo que protege la rosca delantera o un freno de boca que reduce el retroceso y la reelevación.
Después llegó la prueba y comencé con el modelo que montaba un cañón del .338 Lapua Mag, cartucho que cada vez me gusta más y que ofrece unas cualidades y precisión que muchos profesionales deberían tener en cuenta. Dispuesto en un banco de tiro que me permitía una posición cómoda alimenté un primer cartucho y lo volví a extraer para alimentar un segundo, pues quería valorar la suavidad del cerrojo y el ángulo de la palanca de accionamiento. El conjunto me pareció muy bien resuelto y suave de accionar, en parte por el tratamiento superficial que ha recibido.
Apunté el rifle hacia un blanco situado a 200 yardas y disparé. El impacto no estaba centrado en el blanco, pero no me importó pues el visor no estaba regulado para mí y no quise variarlo, pese a que las torretas del Schmidt & Bender PMII que montaba lo facilitaban. Volví a disparar varios cartuchos más para verificar sobre todo sensaciones. El retroceso era bastante suave, menor que en diseños similares. Lo que sí era notorio era el estampido y el rebufo de gases que se expandían desde el freno de boca. Con un visor pude observar que los impactos estaban muy agrupados, por lo que decidí hacer algunos más. Al final, conseguí diez tiros midiendo entre extremos sobre 1 MOA, lo que podía considerar suficientemente satisfactorio.
Cogí entonces otro rifle que montaba cañón del .308 Win, al que lógicamente encontré más liviano y contenido, pese a que esos ratios no son muy diferentes entre los dos. Colocamos el blanco a 100 yardas –una distancia clásica entre los “sniper” policiales–, apunté y disparé. El resultado un diez. Eso no era nada relevante y había que ver el nivel de agrupación. Un segundo disparo y casi entró por el mismo agujero, lo mismo que el tercero y cuarto. La “tensión” del momento me jugó una mala pasada y el quinto se descolgó un poco de sus compañeros, a un centímetro de ellos por arriba. Seguramente me precipité. Sin desanimarme seguí con la prueba y logré varias agrupaciones dignas de un experto profesional –que no es mi caso–, siendo la mejor de 0,4 MOA para cinco impactos. En total, disparé 70 cartuchos, 50 del .308 Win.
Animado por esos resultados valoramos entonces las capacidades del freno de boca retirándolo del .338 Lapua Magm. La verdad es que sí actuaba y las sensaciones sin él eran bien distintas. Aproveché para probar uno de los supresores sónicos, aunque al hacerlo con cascos no pude concretar mucho la diferencia del estampido, aunque quienes me acompañaban comentaron que era sustancialmente distinta. Lo que se busca es, sobre todo, que sea más difícil concretar la posición de partida del disparo y con ello la localización del tirador.
Aproveché entonces para comprobar lo fácil que resulta el cambio de cañón. Mi interlocutor cogió una llave, retiró un pasador, aflojó unos tornillos y extrajo el que montaba uno de los rifles. Cogió otro distinto lo situó en posición y repitió el proceso a la inversa, apretándolos una llave dinamométrica tarada a 65 libras. En menos de dos minutos el cambio estaba realizado. Me aseguraron que el sistema permitía hacerlo tantas veces como se quisiera y que el resultado de las agrupaciones no variaba lo más mínimo.
Algunos detalles que caracterizan al rifle SRS ya se los hemos señalado en las páginas anteriores y otros los van a conocer ahora. Uno de los argumentos que ha llevado al fabricante a apostar por este sistema es el que se refiere al cambio rápido de calibre, un aspecto que va más allá de la propia posibilidad de disparar distintos tipos de munición. Lo que busca es convertir a este arma en un sistema mucho más versátil, para que se adapte a lo que en un determinado momento sea requerido: una variante más corta y menos potente sería especialmente válida en entornos urbanos en los que la sobre penetración puede ser un hándicap, mientras que una versión más potente, y algo más larga, puede ser idónea para su empleo en terrenos abiertos y espacios montañosos. Su diseño tiene la particularidad de que facilita el proceso de adiestramiento del usuario, que se tiene que adaptar a un solo sistema, pero tiene que conocer las posibilidades de los distintos conjuntos de conversión.
Se ha buscado también que el conjunto aporte altas prestaciones en precisión, optando por integrar elementos con características Match y por una esmerada fabricación general, con un nivel de integración y acabado que pocos ofrecen. Consiguen así, además de unas prestaciones que en función del calibre podemos situar entre ½ y 1 MOA, unas mejores posibilidades operativas para poder añadir al sistema aquellos elementos o complementos que en cada caso concreto puedan ser más útiles.
La discreción empleando silenciadores es uno de sus puntos fuertes, pues el acoplamiento de los mismos es especialmente rápido al contar todos los cañones con la pertinente rosca.
Combinar en un diseño “bullpup”, que ya por sí mismo llama la atención por el factor de reducción de longitud total que ofrece, un modelo que sea resistente y ergonómico a la vez tampoco es fácil, pero examinando esta propuesta encontramos que combina esos factores y ofrece unas prestaciones de primer nivel que satisfarán tanto al profesional –el grupo inicial a donde iba destinado– como al aficionado, el segmento de mercado que centra ahora las ventas.
Respecto a sus características generales, podemos apuntar que la versión más corta mide 31,5 pulgadas, o sea sólo 80 centímetros. La configuración de mayor longitud llega a los 95. El peso es de 4,26 y 5,26 kg, respectivamente, bastante menos que otros diseños convencionales.
La opción del .338 Lapua Mag monta cañón de 26” y es de mayor grosor que los del resto, consiguiendo que el alcance preciso los proyectiles pueda batir blancos hasta 1.500 metros. El paso de estría es de 1:10 y el cargador admite cinco cartuchos, con unas dimensiones suficientes para alojar cartuchos con puntas Sierra Matchking de 300 grains, algo más largas que las clásicas de 250. También destaca el espectacular freno de boca de tres etapas que puede observarse en las imágenes.
Frente a esa opción de gran potencia se ofrece otra que goza también de unas amplias posibilidades operativas y que es extremadamente precisa. Se trata del conjunto de transformación al .308 Win, con cañón de 22” –por cierto alo más largo que los que ahora están en boga para no tener que modificar el chasis inicialmente diseñado, aunque se podría trabajar en ese aspecto para brindar más posibilidades al conjunto–, que tiene un paso de estría de 1:11 y que se alimenta desde un cargador para seis cartuchos.
Recordemos que Desert Tactical Arms también ofrece otras dos conversiones: una del versátil .243 Win y otra en el potente .300 Win Mag. Ambas con tubos de 26”, aunque se diferencian en el paso de estría que en el primer caso es de 1:7,5 y en el segundo de 1:11.
Destacar también el raíl de fijación estandarizado que recorre dos terceras partes de la longitud del arma, lo que permite el empleo de distintos visores ópticos y hasta combinarlos con sistemas de puntería nocturnos.
En la parte delantera, ocupando algo más de un tercio de la longitud, se encuentra un guardamanos mecanizado. Además de facilitar la refrigeración del cañón, y de que éste quede totalmente flotante, ofrece cuatro raíles donde fijar accesorios tales como bípode, iluminador láser diurno o infrarrojo, linterna con foco de luz o con determinados filtros, inclinómetros, etc.
En los dos años transcurridos desde que la emprea Desert Tactical Arms comenzara a mostrar su gama de rifles “Stealth Recon Scout” se han sucedido compras que han incluido –no podía ser de otra forma– a tiradores civiles especialmente interesados en lo novedoso de su concepto y en sus muchas y excelentes posibilidades. Sus prestaciones son de primer orden, son especialmente robustos y su funcionamiento, a tenor de lo que pudimos experimentar personalmente, es impecable.
Por todo lo expuesto, y a modo de conclusión, acabaré estas páginas señalando que es una de las opciones que más me han impresionado en los últimos años, y ello pese a que algunos puntos de su concepto no son los que más me satisfacen. Pero en cualquier caso se trata de un producto moderno y versátil que hábilmente distribuido podía dar mucho juego en un mercado que en estos momentos está ávido de armas de precisión y que tiene unas más que amplias posibilidades de venta en el entorno profesional.
En el caso español, por poner un ejemplo, hay necesidad de dotar a las unidades militares con rifles del .338 Lapua Mag que compwlementen los diversos modelos de que se dispone en la actualidad. También debería valorarse el reemplazo de armas como los Mauser 66 que aún sigue usando la Policía Nacional para aquellos tiradores que, desde las alturas, cubren actos de especial relevancia o las visitas de personalidades VIP.
Acabaré agradeciendo a los muy profesionales responsables de Desert Tactical Arms su apreciable apoyo y cooperación para que desde la Revista ARMAS les hayamos podido presentar, como primicia, este interesante y avanzado rifle.
URL: http://www.revistaarmas.com/?p=2937




















ARMAS 355







buenas respuestas pero de cerca el vss
de medio alcance m 40 o ptrs1
y largo mcmilliam,barret
El desarrollo y adquisición de rifles de alta presición, sobre todo en ejercitos de bajo presupuesto, guarda realción con con la misión y alcance que se quiere otorgar a unidades de FF.EE.
Indudablemente que las lecciones aprendidas en Iraq y Afganistan son validadas; no son esta
estándares extrapolables para las realidades e hipótesis de conflicto de otras naciones, los escenarios de combate van desde condiciones tan discimiles como la fría estepa rusa, la humedad y temperatura del trópico, hasta el calor abrazador del desierto Iraquí.
No debemos olvidar, que los Rifles son plataformas y Sistemas, y que la preparación y selección de tiradores “Snaiper” debe ser un proceso muy bien acotado que asegure la perfecta mancomunión Arma – Combatiente, a fin de asegurar el exito de la misión logrando de esta manera la máxima relación Costo/Beneficio.
me parece muy similar al dsr-1 aunque un tanto mas sencillo, lo que supongo le restara valor comercial mas njo utilidad para el profesiona, siempre he creido que el concepto bullup integrado con el sistema de cerrojo tiene que dar unos exelentes resultados