Rifles McMillan, entre lo mejor para el profesional

He visitado varias veces McMillan, la primera hace ya una década. Es una de las más importantes compañías estadounidenses en el entorno de las armas largas y en especial en la fabricación de elaboradas culatas sintéticas, de las que les ofrecimos un amplio artículo en ARMAS, en el año 1992.

Octavio Díez Cámara

Fotos del autor, salvo indicadas

Este artículo incluye 32 imágenes con sus correspondientes comentarios en la edición impresa del número 335.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces y por ello ahora volvemos “a la carga” interesados por conocer su realidad actual y cómo van a afrontar el futuro, sobre todo teniendo en cuenta que la crisis puede haber modificado las expectativas.

Con ese objetivo hemos hablado con Ryan McMillan, la tercera generación de la línea iniciada hace más de tres décadas por su abuelo Gale. Él, que estuvo siete años en los “comandos” de la Marina estadounidense –los SEALs– y que ha cubierto dos turnos en Iraq dentro de la Operation Iraqi Freedom, desempeña un doble cometido en su empresa: es el Director de las Operaciones de Adiestramiento y también el responsable de la Línea de Desarrollos, sobre la que nos comentó algunas novedades que hemos aprovechado para realizar estas páginas.

McMillan hoy

McMillan Group Internacional (MMGI) no es una compañía al uso, sino un conglomerado industrial que trabaja siguiendo un único objetivo. Su línea actual se deriva de la que inició Gale McMillan a mediados del siglo pasado. En 1958 se inició en la competición de Bench Rest y después trabajaría para la Fuerza Aérea Estadounidense. Ambas experiencias, así como su afición por la caza desde niño, le llevarían a buscar una salida profesional en ese entorno. Fue en 1973 cuando comenzó a trabajar en la fabricación de culatas –tenía experiencia previa en plásticos, tras trabajar con esos materiales para Motorola–, y en poco tiempo fueron muchos los que comenzaron a solicitar alguno de los modelos que había diseñado.

Poco a poco fue consolidando su producción y haciendo que el número de clientes aumentara. En su evolución profesional se alió con otros conocidos especialistas, como Robbie Robar. Trabajaron juntos durante una época hasta que en 1983 Robar decidió fundar su propia compañía, también especializada en rifles de alta precisión.

Uno de los primeros éxitos de McMillan llegó al cooperar con el Cuerpo de Marines para buscar un nuevo rifle para sus tiradores de precisión naciendo entonces el M40, que integraba una acción Remington 700 con una culata de McMillan. En ese modelo, que vio la luz en 1976 después de validar diversos diseños, mucho tuvo que ver esta compañía, entrenando incluso a los especialistas que lo fabricaron –Marines de la Base de Quantico en Virginia– en los métodos y técnicas que permitían poner a punto armas largas de la mejor calidad.

Con ese éxito fueron ampliando capacidades y ofertas. Desde la línea inicial de culatas, muchas surgidas siguiendo modelos específicos solicitados por su clientela, avanzaron hacia otras soluciones, en especial rifles de caza. Pero en su avance les llegaría otro éxito “profesional”, al solicitar el Departamento Federal de Investigación (FBI) su apoyo para poner a punto rifles para sus tiradores de élite, cooperación que les permitió abrirse hacia otros muchos estamentos profesionales y conseguir vender sus productos a unidades SWAT de Arizona y Texas.

La tarea iniciada por Gale fue seguida por sus hijos y fue en 1975 cuando se incorporó a la compañía Kelly. El nombre comercial con el que se les conocía varió y surgió The Gale McMillan Company. Junto con padre e hijo trabajaba también Gloria, la madre de éste. De los años setenta y principios de los ochenta surgieron los moldes asimétricos que permitían introducir cambios entre el diseño de un costado y otro de las culatas, su principal producto de aquel entonces.

La incorporación de más miembros de la familia, como Rock McMillan, y alguna desavenencia surgida entre ellos, les llevarían a separar las distintas áreas para que personas diferentes se encargaran de ellas y no hubiese interferencias entre las actuaciones de unos y otros.

Coincidiendo con el Siglo XXI la compañía estaba estructurada en cuatro ramas: culatas, óptica, fabricación y rifles, y ninguna tuvo nada que ver con otra firma (McMillan Gunworks) con su mismo apellido.

Hoy en día, tras el fallecimiento de Gale, son sus hijos y nietos los que se encargan de gestionar la amplia planta productiva, en Phoenix (Arizona), donde llevan ya más de una década. Bajo el mismo nombre, MMGI como hemos comentado, trabajan tres compañías diferentes. Una es McMillan Fiberglass Stocks, especializada en culatas, tanto para el sector deportivo o el profesional. Otra es McMillan Machine Company –“McBros”–, la que se encarga de la manufactura, aprovechando maquinaria de control numérico, de piezas de alta calidad que van destinadas al sector de las armas o a entornos como el aeroespacial y a aquellos en los que se requieren tolerancias mínimas. La tercera es McMillan Firearms Manufacturing, que tiene encomendada, tomando elementos que producen las otras dos y además de los que ella aporta, la fabricación de los rifles –tácticos y de caza–, tanto los que se incluyen en su oferta normal u otros que puntualmente les encargan clientes determinados.

Junto a las tres anteriores existe McMillan Operator Development, aunque no es compañía en sí, sino una rama. La lidera la tercera generación familiar, encabezada por Ryan. Su objetivo es doble: poner a punto lo que será la futura línea de producto, valorando las tendencias del mercado y aquellos “imputs” que les llegan de posibles usuarios, y también ofrecer cursos de formación que mejoren las capacidades de quienes emplean sus rifles o los de otros fabricantes.

Respecto de los cursos podemos comentarles algunos detalles curiosos. Disponen de un amplísimo polígono de tiro; allí, donde se combinan espacios abiertos para ejercitarse a distancias de más de mil metros y entornos urbanos para otro tipo de prácticas, imparten formación a aficionados y a profesionales. A los primeros como complemento de sus adquisiciones reciben un cursillo de una o dos jornadas en las que aprenden lo básico del tiro con arma larga, para extraer de su rifle todas sus prestaciones y aprender cómo mantenerlo en el mejor estado.

Para los profesionales están disponibles una serie de períodos formativos en los que de manera escalonada se les instruye teórica y el uso de armas de precisión. De las clases se encarga un plantel de instructores que, además de Ryan McMillan, incluye al británico Mark Spicer (que goza de experiencia en operaciones antiterroristas y ha sido formado como “sniper” por el USMC y por las tropas alpinas germanas), a Dave Wilson (que trabaja en la Unidad Táctica del Departamento de Policía de Phoenix) como instructor y jefe de “sniper”, Ricky Cox que tuvo experiencia luchando contra el Ejército Republicano irlandés (IRA) y ha trabajado para la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Kosovo, o Fredrik Jonson, un “commando” naval sueco.

Respecto a su línea de actuación, Ryan nos comentó que van a intentar combinar el mercado civil con el militar y policial, y que para mejorar este último tienen un plantel de profesionales específicamente dedicados. Sobre todo están promocionando, entre agencias policiales y unidades militares, su gama de rifles TAC, propuestas que están encabezadas por el TAC–50, un modelo líder entre los que disparan el .50 Browning.

Las buenas prestaciones obtenidas en escenarios como el afgano han promovido ventas a clientes en Canadá, Sudamérica, Australia, Asia y los propios Estados Unidos, donde tanto los SEAL como SWAT de ciudades como Las Vegas o Phoenix emplean sus rifles de precisión.

Las agencias policiales también siguen interesándose por sus culatas, sobre todo los modelos A3 y A5 que son tomadas como punto de partida de transformaciones de armas o para poner a punto diversos diseños. Las culata siguen siendo el punto más fuerte de su oferta, con unas 14.000 vendidas durante 2009. Los rifles también aportan ingresos a la compañía y han vendido unos 500 durante el último año, número que van a intentar mantener porque ellos tienen una máxima “no sacrificar la calidad por la cantidad”. Esa búsqueda del mejor producto les sitúa a la vanguardia del sector y quienes han probado sus armas las encuentran superlativas, si no óptimas.

Sabemos que han llegado a naciones como Argentina, Perú o Uruguay, donde hemos visto sus modelos en unidades de élite. También hemos sabido de contratos como el que se difundió a principios del pasado diciembre: la venta de 115 TAC–50 al Arsenal de Rock Island, del Ejército Estadounidense, organización perteneciente al TACOM (Tank–Automotive and Armaments Command) que se encargará de trasladarlos a unidades militares del Ejército canadiense y de la República de Georgia. También van a ir a parar a una agencia policial de Paraguay, venta que va acompañada de la de armas del tipo TAC–308.

Nos explicaron que, aunque pueden fabricarlos ellos mismos, suelen recurrir a cañones de la firma Lilja, de Plains (Montana). La reputación de sus productos, que son sólo de tipo Macht y fabricados tanto en acero inoxidable del tipo 416 ó en acero al cromo–molibdeno 4140, les ha llevado a decantarse por ellos, pues buscan la mejor precisión. Sí producen sus propias acciones, un proceso lento en el que parten de bloques del mejor acero. Incorporan sus propias culatas y en todo el proceso intervienen especialistas con muchos años de experiencia.

Gama TAC

En MMGI saben que el calibre 8,6×70 mm, conocido como .338 Lapua Mag, va a tener cierto éxito internacional, aunque aparentemente no les preocupa mucho y si no cambian las cosas no van a hacer una apuesta especial al respecto. Su trabajo se centra ahora en el TAC–50 para ofrecer nuevos diseños en los que ya trabajan –con tres nuevas opciones– y propuestas como las presentadas en el último “Shot Show” en Las Vegas. Lo que van a incorporar esos modelos, buscando puedan ser usados para diferentes aplicaciones, va a favorecer dos aspectos: de un lado mejorar la portabilidad, reduciendo peso y longitud, y de otro aminorar el retroceso del calibre .50 B, todo ello sin afectar a la precisión y buscando que el tirador pueda realizar un segundo disparo con gran rapidez.

Respecto del mayor de sus rifles podemos señalar que ha sido validado en diversos escenarios de combate, tanto por los canadienses como por unidades de “comandos” navales estadounidenses. Los SEAL usan una versión propia que se conoce como Mk–15, en la que se han introducido algunas modificaciones específicas; así, la culata es más compacta y se puede separar del arma, su camuflaje exterior es específico y el cañón se ha pensado para extraer el máximo rendimiento de determinadas municiones.

El TAC–50 que ahora se fabrica es derivado directo del que se introdujo ya hace más de dos décadas y que es aún usado en Turquía, Francia o Uruguay. La versión actual, que se produce desde inicios de esta década, la emplea Jordania –allí lo despliega el 61 SRR (Special Reconnaissance Regiment)– o Canadá –, país en el que se recibió en 2000 y se le ha designado con las siglas LRSW (Long Range Sniper Weapon).

Pertenece a la serie TSRS (Tactical Sniper Rifle System), incorpora una robusta acción de cerrojo y está pensado para agrupaciones del orden de ½ MOA (Minute Of Angle). Su precio, sin contar “aditamentos”, se sitúa en origen en unos 5.700 euros al cambio actual, cifra bastante inferior a la de otros “similares” en concepto y de prestaciones, aparentemente, no superiores.

Entre sus especificaciones destacan: peso: 11,8 kg; longitud total: 1,45 cm; sistema por cierre manual; Vo 886 m/s con proyectiles AMAX de 750 grains; cargador extraíble para 5 cartuchos y disparador ajustable tarado entre 1,6 y 2 Kg. Otros detalles son su cañón de 29” de tipo Match y fluted. Curiosidades en este diseño son que se ofrece en cinco camuflajes de pintura Dura–Coat, el cierre ha recibido un tratamiento exterior cown NP3 de Robar para hacer que su funcionamiento sea más suave, la palanca del cerrojo ha sido redimensionada y alargada para facilitar su accionamiento, o que el paso de estría es de 1:15.

Respecto de sus visores, lo hemos visto montando Leupold Mark 4 de 16×40mm LR/T M1, aunque McMillan también recomienda como buena opción que se recurra a los Nightforce NXS 8,5×32–56 mm ó 12–42×56 mm. Accesorios son un supresor que reduce el estampido del disparo y hace más cómodo su empleo –1.295 $–, un conjunto específico para su limpieza –49,99 $– o cargadores adicionales –330$ cada uno–. También, y desde sólo hace unos meses, se ofrece una munición específica que usa un proyectil monolítico de 746 grains que ha sido concebido para que se vea poco afectado por el viento y retenga el máximo ratio de energía terminal.

Mientras que el TAC–50 está pensado como arma antimaterial y antipersonal para distancias medias y largas –se confía en que personal entrenado pueda garantizar esas funciones a un rango de distancias que puede ir más allá de los dos kilómetros–, el TAC–308 ha sido concebido para su empleo en un radio inferior a los ochocientos metros.

Acorde con las necesidades policiales y también con las de determinados usuarios militares, por unos 5.000 dólares en origen se ofrece un rifle concebido especialmente para escenarios urbanos, aunque también puede emplearse en espacios más abiertos en función de la longitud de cañón que se le pueda montar. En términos generales, sería uno de 20” para la primera función y uno de 24” para la segunda, ambos con una rosca en su boca de fuego para poder fijar un silenciador; al más compacto se le designa TAC–308A y al más largo TAC–308B.

Lo fabrican partiendo de una sólida acción tipo G30, derivada de una surgida para Bench Rest, y una culata modelo A3 ó A5 de McMillan, siendo ésta bastante buena en lo que a ergonomía se refiere por sus distintas regulaciones –cantonera y carrillera– y elaboradas formas. Respecto de la acción, manual y con unos canales oblicuos que recorren la parte exterior del bloque de acerrojado, se obtiene partiendo de un bloque de acero inoxidable 17–4. El cierre es de acero 9320. Las tolerancias de las partes más críticas son del orden de 0,0005”, un estándar que se desconocía hasta ahora en el segmento de las armas de fuego.

Los cañones son Match, de acero inoxidable, con paso de estría 1:11 y tratados con un recubrimiento exterior mate, para evitar reflejos. Incorporan cargador extraíble con capacidad para cinco cartuchos del 7,62×51 mm (.308 Win), cuenta con un disparador ajustado a 1,3 Kg y se le pueden incorporar distintos elementos de fijación, pudiendo así usar muy diferentes dispositivos de puntería.

En su versión más compacta pesa 4,3 kg y mide 104 cm. McMillan, que centra sus ventas en la versión de color arena claro o en una negra –hay mas opciones disponibles–, propone que se use en conjunción con un visor Leupold Mark 4 de 3,5–10×40mm M1 con retícula “Mil Dot”, aunque también hay otras opciones del mismo fabricante, de Nightforce o de U.S. Optics.

Hemos tenido conocimiento que una variante del TAC–308 fue presentada a una licitación surgida desde el Mando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos, el USSOCOM, aunque no hemos podido contrastar si el rifle fue finalmente adoptado. Sí sabemos que el fabricante ofrece para el mismo cargadores con capacidad para diez cartuchos o raíles de fijación de las ópticas concebidos para cuando es necesario obtener mayores alcances con este tipo de armas. Lo óptimo, cuando esta necesidad es manifiesta, sería recurrir a otros modelos, en especial el TAC–300 ó el TAC–338. El primero, del .300 Win Mag, cuesta 5.300 dólares en origen, mientras que el segundo, del 8,6×70 mm (.338 Lapua Mag) cuesta 200 dólares más. Dado que últimamente las ventas se centran en este último, comentaremos que sus detalles genéricos son muy similares al resto de propuestas comentadas. Su acción, también tipo G30, es algo más larga y robusta, pues se adapta a la potencia de las municiones específicas. El cañón óptimo, considerando que en los del .338 Lapua se buscan alcances del orden de 1.500 m, mide 26,5 ó 27” e incorpora una rosca protegida en la boca de fuego para poder fijar un supresor sónico o una bocacha reductora de reelevación y retroceso. Para estas dos últimas versiones sólo están disponibles cargadores con capacidad para tres o cinco cartuchos. Su precisión es de ½ MOA, pesa unos 5 kg y mide 121 cm.

Desde 2008, ofrecen el M1A1 Táctico que puede obtenerse nuevo o partiendo de un rifle antiguo. Lo que proponen es un arma semiautomática, del .308 Win, especialmente modificada: culata MFS–14 con pistolete y con la parte posterior del tipo SOCOM 5, separable para reducir la longitud total; cañón de 20” Match, con el que se obtienen agrupaciones inferiores a 1 MOA; anclaje de la acción y la culata realizado a mano y recurriendo a un proceso de “glass bedded”; raíles en la parte inferior de la culata y en los costados para fijar accesorios y cargadores con capacidad para diez tiros. Del mismo se propone también una versión con cañón de 18” y está disponible a un precio que varía entre los 3.000 y 4.600 dólares, en función de la configuraciónww.

Opciones a considerar

Aunque desconocemos un importador concreto, sabemos que algunos rifles McMillan han llegado a España. Son armas con un nivel de manufactura exquisito, caracterizadas por un montaje casi “custom” que ofrecen prestaciones de primer nivel. Nada de florituras, ergonomía superflua, o raíles por todos sitios. Se trata de un concepto que funciona y genera las prestaciones deseadas por quienes los adquieren.

He tenido oportunidad de probar algunos de ellos y de hablar con usuarios de los mismos y, en cualquier caso, sólo tengo una cosa que decir: si lo que se busca es la mayor precisión al mejor precio, puede que los rifles de McMillan sean la solución que cumple con ese objetivo. •

UNA HISTORIA CANADIENSE

El nombre de Robert Furlong seguro que a muchos lectores no les suene de nada. Podemos decirles que hoy trabaja como agente del orden en una policía canadiense, pero sin duda lo más destacable es que ostenta el récord del mundo de tiro militar operacional con arma larga, por lo que seguramente alguno ya recordará a quién nos estamos refiriendo. Pues sí, este personaje consiguió, cuando era militar, logró abatir a un talibán a la distancia de 2.430 metros.

La historia de ese récord es la siguiente. Furlong formaba parte del despliegue aliado inmerso en la “Operación Anaconda”, una acción de fuerzas occidentales contra los insurgentes en Afganistán. Las acciones, con intensos combates, se desarrollaron en marzo de 2002, pocos meses después de que las primeras tropas “aterrizaran” allí para frenar el avance terrorista tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. En aquella lucha se vieron involucrados efectivos de una unidad canadiense, el “Princesa Patricia Canadian Light Infantry” (PPCLI).

Una pareja de “snipers” de esta unidad, cooperando con otros equipos de personal de similar formación, localizó una posición enemiga de la que surgía potente fuego, generado aparentemente por una ametralladora RPK. El observador, sirviéndose en una potente óptica, visualizó lo que allí acontecía, hizo algunos cálculos y pasó los datos a su compañero, que llevaba consigo un rifle TAC-50 de McMillan.

Tras ajustar la regulación de su sistema de puntería realizó un primer disparo con su arma del 12,7×99 mm (.50 Browning), con cartuchos que montaban proyectiles A-MAX de 750 grains, pero falló. Un segundo disparo, hábilmente seguido por su observador, le acercó mucho más a su objetivo, tanto que la bala impactó en la mochila que llevaba, y al que alcanzó de pleno con su tercer tiro.

Lo que Furlong consiguió fue mucho más que abatir a un talibán y neutralizar su acción en combate, puesto que consiguió el record del mundo al hacerlo a una distancia de 2.430 metros. Su arma montaba un cañón de 29 pulgadas de longitud, y teniendo en cuenta la velocidad de la bala en la boca de fuego, y que ésta disminuye rápida y progresivamente, las balas tardaban unos 5 segundos desde el disparo al impacto, lo que podía implicar que el objetivo hasta cambiase de posición o postura en ese tiempo. Furlong empleaba un visor tan excelente como clásico: un Leupold de 4,5-14×50 mm.

Se apoyaba también en una formación que, como “sniper” canadiense, implicaba varios meses intensos en los que se aprende lo básico y a los que sigue un período específico para adaptarse a un modelo concreto de arma larga, en su caso el TAC-50. Curioso es que poco después de aquella acción, ampliamente difundida por diversos medios, este cabo y otros compañeros se vieron envueltos en una investigación que derivaría en que decidiese salir del ejército. Ahora es policía.

Como precedente de este importante record, el legendario sargento Carlos Hathcock, del Cuerpo de Marines estadounidense (USMC), había obtenido en febrero de 1976 al alcanzar, con una ametralladora Browning M2 del.50, a un vietcong situado a 2.250 metros, acción más difícil que la de Furlong si se tiene en cuenta el tipo de arma y la munición usada.

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Una Respuesta a “Rifles McMillan, entre lo mejor para el profesional”

  1. sergio dice:

    hola muy buena arma, me intesa mucho y queria saber el precio de la misma en pesos?? y si hacen envio al interior del pais, gracias.-

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