Subfusil Thompson, nueve décadas de historia
Hace ya unos meses que tuve la oportunidad de asistir a la proyección de “Enemigos Públicos”. En esa película, protagonizada por Johnny Depp, se narran las peripecias de un grupo de gangsters liderados por el famoso John Dillinger, y de aquellos agentes que intentaban detenerlos y que pertenecían a una agencia federal que con el paso del tiempo se haría mundialmente famosa: el Federal Bureau of Investigation o FBI.
Por Octavio Díez Cámara
Fotos: autor, salvo indicadas
Este artículo incluye 30 imágenes con sus correspondientes comentarios en la edición impresa del número 336.
Aunque la historia narrada tiene sus más y sus menos respecto de lo que realmente aconteció, sí llama la atención, y más a los que nos gustan las armas, el hecho de que perseguidores y perseguidos hacían uso de armas similares. Una de las que da “sustento” a las escenas de acción más espectaculares es el subfusil “Thompson”, un modelo que se presenta como eficaz, de gran potencia de fuego y bastante fiable.
Clásico en las películas de gangsters de todas las épocas, donde su cargador circular para cincuenta o cien cartuchos le confiere una estética especial e innegable atractivo, el Thompson fue mucho más que un arma usada por aquellos que han actuado a uno y otro lado de la ley.
Está bien resuelto en diseño y fabricación y, lo que aún es más relevante, resulta fiable y capaz. No es un arma compacta y resultaba muy cara de fabricar, pero proporcionaba una capacidad de respuesta muy notable. Los cartuchos del 11,43×23 mm (.45 ACP) que dispara generan un gran poder de parada y la cadencia de fuego elevada, que en algunos modelos llegó a ser de 1.200 d/m, garantizaban una demoledora eficacia.
Esos detalles, y el hecho que hace poco se han cumplido noventa años desde que comenzó a ser usado, nos han llevado a preparar este reportaje que quiere ser además un recuerdo histórico hacia un modelo que tuvo detractores y adeptos, pero que ha pasado a la Historia como uno de los referentes principales entre las armas de su tipo.
SUMARIO: En 1942 se alcanzó el máximo nivel productivo con unos 90.000 cada mes, y en febrero de ese año se habían entregado más de medio millón. En 1944, cuando se dejó de fabricar, se habían suministrado casi 1.750.000 unidades y se disponía de piecería para completar otras 250.000.
Nueve décadas
En la última edición de la feria “Shot Show” tuve oportunidad de conversar con uno de los representantes de la firma Kahr Arms, que ahora es responsable de la fabricación del “Tommy Gun”. Por sus respuestas supe que las ventas de este modelo incluyen “varios miles de ejemplares” anuales, aunque no logré datos más concretos. Hay varias versiones en producción, todas semiautomáticas y destinadas al mercado civil, aunque están abiertos a un posible pedido de armas con capacidad de disparar en ráfagas, algo que encuentro difícil que se concrete.
Podemos señalar que desde 2008 han vuelto a fabricar los cargadores de tambor (drum magazine) con capacidad para 100 cartuchos, que son copia de los originales y funcionan bastante bien, pese a su volumen y peso llenos. También siguen fabricándose los del mismo tipo para 50 tiros.
Entre las novedades destaca el modelo 1927A1 en la configuración “deluxe pistol”. Carece de culata, monta cañón de 10,5 pulgadas y tiene una longitud total de 75 cm, lo que hace que se oferte como si de una pistola semiautomática se tratase, aunque su tamaño y peso, entre otros factores, no aconsejan su empleo como tal.
Siguen ofertando otras variantes de los 1927A1. Una es la “Commando”, T1-C, diseño clásico con acabado pavonado y cañón de 18” si se cuenta el compensador que lleva fijado. Similar, pero con distinta configuración en maderas o empuñadura pistolete, son los M1927A-1 y 1927A-1C que están disponibles en versiones en las que el cajón de mecanismos puede ser de acero o aluminio, reduciéndose con éste el peso total en casi 1,5 Kg. También proponen el modelo M1, versión clásica militar; todo él está realizado partiendo de piezas de acero forjadas y mecanizadas y la madera es de nogal, lo que junto al acabado negro mate lo hacen un modelo muy atractivo.
A España, y a lo largo de los años, han llegado algunos ejemplares adaptados a nuestra normativa y asimismo, han proliferado importaciones de ejemplares inutilizados para coleccionismo. Últimamente hemos tenido conocimiento de partidas procedentes de Rusia o Bélgica que incluían armas nuevas o casi nuevas, lo que las hace aún más atractivas. Su precio, dependiendo del modelo, entre 700 y 1.500 euros, aunque hay ejemplares que por su estado, curiosidades o complementos –el cargador de tambor se cotiza al “alza” en el mercado de la militaria- pueden costar bastante más.
Diseñador singular
Los antecedentes de este subfusil podemos situarlos el 31 de diciembre de 1860, cuando nació, en la ciudad de Newport (Kentucky), John Taliafero Thompson. Hijo de un teniente coronel graduado en la Academia de West Point, se sintió atraído por el mundo de las armas y con sólo diecisiete años ingresó para obtener el grado de oficial. Uno de sus primeros destinos fue el Depósito de Artillería del Ejército (United States Army Ordnance Depot), donde se especializó en la evolución que había dado lugar a distintas armas. También hizo buenos amigos, como el teniente segundo John Parker, con el que profundizaría en conceptos relativos al empleo de distintos modelos de armamento ligero.
En los primeros años del siglo pasado participó, junto al coronel La Garde, en diversos estudios sobre munición de armas ligeras. Una de las conclusiones a las que llegaron fue que los proyectiles pequeños y de alta velocidad tenían menores efectos incapacitantes que los mayores y de menor velocidad; concepto claramente aplicado en el desarrollo de una munición concreta: el .45 ACP. Ese cartucho, que se hiciera mítico asociado a la pistola Colt M1911, sigue siendo válido un siglo después. Muchos lo siguen usando y sus prestaciones están fuera de toda duda, lo que hace que incluso grupos de asalto policial estadounidenses –los SWAT– sigan utilizando pistolas del .45.
Volviendo a nuestro protagonista, señalar que en 1914 se retiró del Ejército y comenzó a trabajar para la Reminton Arms Co. en la fábrica de rifles de Eddyston (Pennsylvania), por aquellos años la mayor del mundo de las de su tipo. Mientras realizaba su labor, seguía pensando en nuevos conceptos, y aprovechando sus horas libres y sus ahorros, comenzó un proyecto para poner a punto una ametralladora ligera, y en 1915 comenzó a desarrollarlo. Se centró en reducir el número de piezas para incrementar fiabilidad y sencillez y se basó el sistema “blow-back” o principio de inercia de masas, con el que se consigue realizar, de forma automática, las acciones de introducción de un cartucho en la recámara, preparación de los mecanismos para el disparo y la extracción y eyección de la vaina y que resultaba idóneo para cartuchos que generaban presiones reducidas.
Partiendo de ese concepto, y aplicando otros como el “blish-lock” desarrollado años atrás por John Bell, siguió con sus investigaciones. Contó con el apoyo financiero de Thomas Fortune, un magnate del tabaco, fundando en 1916 la firma Auto Ordnance Co., con sólo dos empleados. Trabajaron activamente en el desarrollo del arma y de las municiones, un proceso al que se sumó en 1917 Oscar Payne. Se centraron en el .45 ACP y con la Primera Guerra Mundial en curso trabajaron para obtener un diseño que agradara a los militares en una época en la que las que el sable, la bayoneta y hasta las cargas de Caballería eran todavía tan clásicas como frecuentes.
El esfuerzo de aquel equipo puso a punto la “Persuader”, ametralladora que, pese a su gran cadencia de fuego –del orden de 1.500 d/m-, se mostraba muy propensa al encasquillamiento. Le siguió el concepto “Annihilator”. Partiendo de este última, llegó el “Thompson”, con cargadores rectos y de tambor. Se prepararon algunos prototipos para ser enviados al frente, pero curiosamente estuvieron listos el 11 de noviembre de 1918, el mismo día en que acabó aquella contienda. Pero no se amilanaron y siguieron trabajando.
En unas pruebas realizadas en Nueva York en marzo de 1919, sus prototipos realizaron nada menos que 18.000 disparos sin problemas. Pese a ello, el escenario de uso previsible de su diseño, que hasta aquel entonces habían sido las trincheras europeas, había cambiado. Surgió entonces una modificación de su concepto y la designación “SubMachine Gun”, la que traducimos ahora por subfusil. A su propuesta la bautizaron con las siglas TSMG, la primera letra en referencia al apellido del diseñador y el resto al tipo de arma.
Tenían que venderlo, lo que no era fácil teniendo en cuenta que no había necesidades militares derivadas de un conflicto, y comenzaron a promocionarlo en distintos entornos y a demostrar sus capacidades. Una era su potencia de fuego, pues en sólo cuatro segundos podía disparar cien cartuchos, lo que pudieron observar aquellos que estuvieron presentes en unas pruebas realizadas en 1920 en Camp Perry (Ohio). Tan interesantes fueron que Colt Firearms se interesó por el diseño y ofreció un millón de dólares por los derechos de fabricación.
Se desestimó esa propuesta, aunque sí les autorizaron a participar en la fabricación de los primeros lotes, proceso en el que también lo harían firmas como Remington Arms o Lyman Gun Site Corporation. Colt fabricó 15.000 unidades en dieciocho meses, entre los años 1921 y 1922.
Aquel esfuerzo daría lugar al primer modelo: el M1921. Su coste, como consecuencia del esmerado proceso de fabricación, era elevado para la época, pues ascendía a unos 225 dólares por ejemplar. Los militares, pese al interés demostrado, no llegaron a concretar pedidos. Thompson, que por aquel entonces estaba trabajado en las investigaciones que darían lugar al M1923 del .45 Remington, no se desalentó y buscó a sus clientes entre las agencias policiales. Los primeros pedidos llegarían en 1921, cuando el New York Police Department (NYPD) decidió incluir estas armas en su arsenal.
En 1925 habían vendido ya unos 3.000, buena parte de ellos destinados a las fuerzas policiales que luchaban contra los gangsters de los EE.UU., aunque curiosamente fue este colectivo el que realmente los popularizó. John Thompson nunca hubiese querido que su diseño se hiciese famoso por esa vía, pero así fue. La Ley Seca, aplicada desde 1920, conllevaba la prohibición de importación, fabricación o distribución de bebidas alcohólicas, por lo que bandas organizadas se dedicaron al tráfico ilegal. Dado que se enfrentaban a las Fuerzas del Orden y a otros clanes rivales, tener consigo la “colaboración” de los Thompson era la mejor garantía para intentar salir airosos de sus fechorías.
Fue uno de esos gangsters, John Dillinger, quien, como “enemigo público nº 1”, se hizo famoso por sus robos a bancos. Escapó, junto a otros reclusos de una prisión, llevándose los Thompson de los guardias. La lucha contra agencias policiales, una de ellas el actual FBI dirigido entonces por Edgard Hoover, le llevaría a caer bajo las balas que le dispararon varios agentes por la espalda en 1934. Su historia personal popularizó el diseño que les estamos presentando, como pocos años antes lo había hecho la famosa “Masacre del Día de San Valentín”.
Fue en la mañana del 14 de febrero de 1929. Siete gangsters cayeron bajo las balas de armas Thompson disparadas por quienes fingían ser policías. En la escena del asesinato se recogieron nada menos que setenta vainas del .45 ACP. Las dispararon dos subfusiles, con los números de serie 2347 y 7580, que se conservan en las oficinas del Sheriff del Condado de Berrien. Por cierto, el FBI adoptaría en masa este modelo a partir de 1935.
Hemos hablado de este subfusil usado por agentes y gangsters en las décadas de los años 20 y 30 del siglo pasado. Incluso, para los amantes de las curiosidades históricas, podemos comentar que alguno de ellos fue instalado en 1923 en un biplano, para probar su idoneidad como armamento de a bordo, aunque el cambio de los cargadores en vuelo resultó ser complicado. Otros, fueron a parar, a partir de 1920, al Cuerpo de Infantería de Marina (U.S. Marine Corps), para su evaluación, y el 7 de septiembre de 1921 fue validado también por los británicos, en vistas a comprobar su potencial.
Quien sí lo incorporó fue el United States Postal Service, fuerza policial que se hizo con dos centenares en 1926 tras capturar un cargamento ilegal en uno de sus envíos. Ese mismo año comenzó a ser fabricado en Gran Bretaña por la compañía Birmingham Small Arms (B.S.A.) y desde 1930 se suspendió la venta a los civiles, pues algunos iban a parar a manos muy distintas de las originalmente pretendidas. En esa época surgió una versión para disparar municiones de 10 mm.
También los militares comenzaron a considerar que era idóneo para sus necesidades, aunque los primeros pedidos se limitaron a unas decenas o centenares de ejemplares. Primero fueron los representantes del United States Coast Guard los que lo compraron para sus naves de patrulla. Poco después, en 1927, sería el USMC quien los empleó en combate cuando los llevó a la jungla nicaragüense, donde obtuvo éxitos notorios. Al año siguiente fue la Marina la que decidió adoptarlo. Los ejemplares que adquirió, especialmente para armar a las tripulaciones de lanchas de vigilancia, incluían modificaciones como la reducción de la cadencia de fuego a unos 600 d/m y la sustitución del pistolete delantero por un guardamanos recto y más convencional. Nació así el M1928, diseño que surgió de transformar algunos M1921 que el fabricante tenía en sus almacenes. Respecto a su coste, en 1928 era de 75 dólares por unidad para el tipo M1921A1, a los que había que sumar 10 más por un cargador de tambor.
El espaldarazo para Auto Ordnance, que hasta la fecha no había podido “despegar” ni en ventas ni en fama, llegaría en marzo de 1932, después de muchos esfuerzos, presentaciones, idas y venidas, y todo tipo de relatos en los periódicos de la época. El Ejército se decantó finalmente por adquirir mayores lotes. En 1936 fue adoptado por la Caballería, para las dotaciones de distintos vehículos y carros de combate. En 1938 llegaría el momento cumbre al surgir el “Sub Machine Gun Caliber .45 M1928A1”, el arma estaba estandarizada y comenzaría unos años gloriosos.
Estos llegarían a partir de 1939, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Las necesidades que hasta 1945 se propiciaron en el frente europeo y en el asiático, llevarían a la compra de ingentes cantidades de estos subfusiles. Savage, entre otras firmas, se vio involucrada en la fabricación en masa, pues varias decenas de miles les fueron contratados en diciembre de 1939 a un precio unitario de 67 dólares, cifra bastante inferior a la que había promovido anteriores ventas. En el United States Army Ordance Depot –recuerde el lector, uno de los primeros destinos cuando John Thompson era militar– se fabricarían, entre 1940 y 1944, nada menos que 1.387.134 ejemplares, de los que 562.511 se correspondían con el M1928A1, 285.480 con el tipo M1 y el resto, 539.143, con el M1A1.
A todos ellos hay que sumar órdenes de compra como las que en 1939 realizaron franceses y británicos. Los primeros lotes fueron de 3.000 unidades para cada país, aunque Gran Bretaña llegaría a realizar un total de treinta pedidos que sumaban 107.500 unidades y una inversión de más de 21,5 millones de dólares. Buena parte de esos ejemplares fueron fabricados bajo licencia por la B.S.A. y adaptados al calibre 9 mm. Sabemos que al resultar Francia invadida por los alemanes los que habían adquirido –6.000 en dos lotes– no les llegarían a ser suministrados, aunque algunos fueron a parar a la “resistencia”.
En 1942, se alcanzó el máximo nivel productivo con unos 90.000 cada mes, y en febrero de ese año se habían entregado más de medio millón; en 1944, cuando se dejó de manufacturar, se había suministrado una cifra cercana a 1.750.000 unidades y se disponía de piecería para completar otros 250.000.
En su evolución industrial –téngase en cuenta las penurias de la época y la necesidad de ser más eficiente y económico–, se aplicaron soluciones que hacían más fácil fabricarlo, sobre todo por parte de Savage. Sus armas llevan una “S” precediendo al número de serie en vez de la “AO” que precede a los fabricados por Auto Ordnance. Primero se le eliminó el compensador del retroceso y se reemplazaría la compleja alza original Lyman por otras soluciones más sencillas. Otra modificación fue dejar la culata, que en variantes anteriores era removible, en una posición fija. También se modificaron mecanismos internos, eliminando el retardador del retroceso y adaptando su funcionamiento como si se tratase de un sistema “blow-back” convencional. Esa transformación permitió llevar la palanca de montar desde la parte superior a la lateral y consiguió otro resultado aún más significativo: el precio final de cada subfusil era de sólo 45 dólares, pues además se requería sólo la mitad de tiempo para fabricarlo.
Pese a aquel esfuerzo su producción cesó, en lo que a versiones militares se refiere, en 1944. Otros diseños, como el M3 “Grease Gun”, y los éxitos que propuestas germanas obtenían en el frente europeo, llevaron a que, poco a poco, sus cualidades fuesen olvidándose y su capacidad reemplazada por soluciones que eran aún más económicas y sencillas de fabricar.
Quienes habían utilizado los “Thompson” en combate habían quedado muy satisfechos por sus prestaciones, lo que influyó para que la piecería remanente quedase almacenada en distintos depósitos de las Industrias Maguire, que habían adquirido Auto Ordnance. Fue en 1949 cuando otra compañía, Kilgore Manufacturing and Co., de Westerville (Ohio), solicitó la compra del material disponible –incluso la maquinaria, útiles y herramientas usadas para la fabricación– con vistas a responder a una posible gran venta a Egipto, lo que finalmente no tuvo lugar.
En 1951 todo aquel material fue a parar a la Numrich Arms Corporation, establecida en Mamaroneck (Nueva York). La hoy conocida como Gun Parts derivaría la fabricación y venta hacia modelos semiautomáticos… pero eso ya es otra historia. La que sí se concretó es la que afecta a la evolución propia de los “Thompson”.
El primero de la saga fue el M1919, de los que sólo cuarenta fueron construidos –los que fueron a parar al NYPD– y algunos fueron usados para experimentar opciones en distintos calibres. Su sucesor fue el M1921. Le siguieron el M1921AC, con compensador Cutts fijado a su boca. Después el M1923 adaptado al .45 Remington –pese a que doblaba la energía en boca del modelo original, fue desestimado por los posibles clientes–, y los M1927 semiautomáticos. Para la U.S. Navy fueron los M1928. Su sucesor, el M1928A1, fue el solicitado por el Ejército, nomenclatura que en su evolución y transformación para simplificar el proceso de fabricación daría lugar a los M1 y M1A1. Los más recientes, versiones civiles, se conocen como M1927A1. A ellas sumar los M1927A3 adaptados al .22 Long Rifle –también se produjeron conjuntos de transformación de distintos orígenes y fabricantes– o la pistola M1927A1 TA5.
Los M1A1, en los que ya había desaparecido el pistolete original y el cañón era convencional –sin las aletas torneadas que acompañaba buena parte de su longitud en los primeros modelos–, sí fueron empleados en otras acciones bélicas significativas. Algunos fueron a parar a manos hebreas, que los usaron en los enfrentamientos de 1948 contra los árabes. Otros serían usados por los chinos, que los recibieron en 1949 para enfrentarse a las aspiraciones de los comunistas. También en manos de soldados estadounidenses en Corea (1950-1953). Incluso podemos señalar la presencia de algunas unidades en el escenario vietnamita (1959-1975). Asimismo, según hacen referencia algunas páginas de Internet en las que pueden verse imágenes para corroborar esta afirmación, algunos fueron usados por los paramilitares serbios en el cerco a Sarajevo, durante la reciente Guerra de Bosnia. Documentación consultada para elaborar estas páginas sitúa también este modelo en manos del Ejército Republicano irlandés, el IRA. En fecha tan lejana como 1942 se les descubrió un lote de ciento once ejemplares y se sabe que lo siguieron usando por lo menos hasta los inicios de la década de los setenta del siglo pasado.
Completaremos estas líneas señalando algunas de las características técnicas que lo caracterizaban.
Diseñado para disparar el .45 ACP, su ritmo de fuego era, dependiendo de la versión, de entre 600 y 1.200 d/m, y su alcance efectivo se estimaba hasta 100 metros. El peso en la última versión, la M1A1 que llevó aparejada la introducción del cargador recto de 30 cartuchos, era de 4,8 kg, en parte porque estaba fabricado partiendo de bloques de acero, lo que le brindaba una mayor robustez. Esta versión medía 813 mm e incorporaba un cañón de 10,5 pulgadas, aunque modelos anteriores eran algo más largos, sobre todo porque montaban compensadores. La velocidad inicial que se obtenía en la anterior era de unos 280 m/s y para alimentar a los “Thompson” se podía recurrir a cargadores rectos para 20 ó 30 cartuchos o a los de tambor con capacidad para 50 ó 100.
En todo caso, señalar que se trataba de un arma pesada pero manejable, fácil de apuntar (curioso es que algunos modelos incorporan alza con referencias hasta 600 yardas) y de mantener –tenía menos de 40 piezas en total–, y sobre todo eficaz, en buena parte por la combinación de su munición y por la fiabilidad intrínseca de su concepción.
De sus usuarios profesionales o paramilitares, podemos señalar a naciones como Estados Unidos, Canadá, China, Francia, Irlanda, Vietnam del Norte, Suecia, Gran Bretaña o Yugoslavia. A ellos se pueden sumar numerosos civiles de todo el mundo, algunos aglutinados alrededor de organizaciones como “The Thompson Collectors Association”, grupo al que el lector puede acceder consultando la página web http://thetca.net.
URL: http://www.revistaarmas.com/?p=3556




























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