Reminton SR25 en .307 WIN, transformación de armería “casa puntos”

Aquellos que sigan los artículos que he venido realizando en ARMAS durante las últimas dos décadas, sabrán de la atracción que siento por uno de los diseños de arma larga que, pese a que se concibió hace más de medio siglo, sigue siendo toda una referencia internacional. Me refiero a la saga AR10/AR15 que diseñara Eugene Stoner.

Por Octavio Díez Cámara

Fotos: del autor

Este artículo incluye 22 imágenes con sus correspondientes comentarios en la edición impresa del número 337.

Aquel modelo, que en al principio no causó buena impresión entre los que lo usaron, es hoy uno de los que más adeptos tienen. En el ámbito militar son muchas las unidades de élite de distintas naciones las que lo han adoptado. En el policial, son cada vez más los agentes estadounidenses los que los llevan en los coches patrulla. En el sector deportivo, miles y miles de aficionados de todo el mundo lo consideran como una opción óptima para el tiro informal o para la práctica de algunas de las modalidades más recientes en las que se combina agilidad, dinamismo y precisión.

Yo me encuentro en este último colectivo. Satisfecho estoy con mis Colt AR15 que adquirí tan pronto llegaron a España, aquí adaptadas al .222 Rem siguiendo una política un poco absurda que veta a los civiles la posesión de las armas del .223 Rem, munición casi idéntica al 5,56×45 mm que emplean militares y Fuerzas de Seguridad del Estado en nuestro país.

A lo largo de los años, y gracias a un contacto constante con varios armeros estadounidenses, pude adquirir e importar distintas conversiones para mis armas, ampliando las sensaciones que ese modelo me transmitía.

Además de la estética, punto fuerte de este arma larga, me satisface la ergonomía, la comodidad al dispararlo y la precisión. También, por qué no decirlo, la posibilidad de añadir cuantos accesorios necesitase, pues la lista de los mismos es amplísima y está pensada para satisfacer a los usuarios más diversos. En mis visitas a distintos fabricantes, ferias en los EE.UU. he podido probar opciones de lo más diverso, incluyendo transformaciones adaptadas para el potentísimo 12,7×99 mm (.50 Browning) o para el ahora en boga 8,6×70 mm (.338 Lapua Mag); una de éstas podría, si los trámites ahora iniciados prosperan, llegar pronto a España, para regocijo personal y de algunos más.

En mis valoraciones, llamaron poderosamente mi atención, por combinar una potencia notable y porque sus capacidades de precisión eran mejores de 1 MOA (Minute Of Angle) disparándolo contra blancos a cien metros, las surgidas desde los AR10, armas casi idénticas a los AR15 salvo su cajón de mecanismos, pensado para otro mítico cartucho, el 7,62×51mm (.308 Win). Aquella atracción me llevó, ya hace una década, a iniciar la importación de los Armalite AR-10T, en una opción “de repetición manual” que cumplía con la legislación española, proceso que se truncó por motivos diversos; uno fue que la Comisión Interministerial que me dio la autorización previa de importación señaló que sólo podía emplearlo con munición de caza, obviando así, por las cualidades de esos proyectiles, buena parte de sus capacidades reales.

Los SR25

Estados Unidos ha vivido en los últimos años una eclosión de opciones de los AR10, armas que muchos fabricantes incorporan a sus catálogos como complemento natural de los AR15 que también fabrican. Una de las propuestas que surgió ahora hace dos años fue la de los SR25 de Remington. Sus cualidades, que las pudimos conocer cuando se presentó en el Shot Show de 2009 en Orlando, volvieron a despertar mi interés. Pero claro, en España nos están vetadas las armas semiautomáticas del .308 Win a los civiles y soñar no era lo más oportuno.

Lo que sucedió entonces es que el importador de Remington decidió traer los SR25 –por cierto, con la misma designación que tienen los famosos rifles de Knight’s Manufacturing que son usados por los militares de numerosos países- a España. Cuando me enteré de la noticia pronto pensé en que se habían decantado por transformar un lote al aquí legal .307 Win, pero mi decepción fue mayúscula cuando supe que lo que habían hecho era traer una variante adaptada al .243 Win, aunque también podían haberse decantado por la que dispara el 7-08 Rem.

El .243 es una munición que por su potencia se encuentra a medio camino entre las prestaciones del .222 y del .307. Ofrece una precisión muy notable, lo que, seguramente ha atraído a más de uno a adquirirlo. En distintos foros pude leer del nivel de satisfacción que algunos, optando por la recarga, habían conseguido con sus rifles semiautomáticos, aunque a mi seguía sin convencerme esa opción.

Fue hace unos meses, con ocasión de preparar un reportaje sobre las transformaciones que Armería “Casa Puntos” realiza para obtener conversiones al 6,8 SPC –ver ARMAS nº 326 de 2009-, cuando mi idea inicial volvió a tomar fuerza. Juanjo, que es el encargado de la realización de ese proceso, me explicó que partiendo de los SR25 llegados a España, que tienen un cierre que comparte dimensiones con el culote del .307, podía prepararse un “kit” de adaptación a este último, proceso que además no era complejo. Estaba meditando en el tema cuando encontré un SR25 de segunda mano que se vendía por un precio interesante. Aquella posibilidad, me llevó a adquirirlo y a transformarlo, lo que varios meses después es ya una realidad.

Sólo he tenido que esperar un plazo razonablemente corto, pues era el primero que en esa línea se iba a adaptar en nuestro país, por lo que, a veces, se tarda un poco más de lo que uno podría querer. Había que preparar el proyecto, obtener los materiales y llevar a cabo lo que es la propia manufactura. También, realizar las pruebas pertinentes sobre sus cualidades y, por último, guiar el cañón como complementario en la guía original, proceso que tiene la complejidad característica de un país en el que las armas no están especialmente bien vistas por algunos colectivos.

Al final, estoy satisfecho con mi nuevo rifle. Y digo nuevo, porque seguramente, voy a dejar montado el cañón del .307 Win de forma continuada y el del .243 permanecerá convenientemente guardado. Incluso, pregunté si podía darse de baja este último y dejar el arma guiada con el primero. La respuesta obtenida me desaconsejó esa opción que yo pensaba lógica.

La transformación

Comenté con Juanjo, antes de iniciar el acopio de materiales y los trabajos del proceso, las opciones que eran más propicias. Por convencimiento propio, me decanté por una que no variara en nada la original, manteniendo su longitud -un metro-, peso –3,97 kilogramos- y otros detalles, pues considero que aunque armas con cañones más pesados y largos pueden extraer más precisión y alcance, no están dentro de lo que requiero ahora.

Además del cañón, del que solicité uno de dimensiones idénticas al que traía de fábrica –tiene 20” de longitud, un diámetro de 0,68” en la boca y hace que el conjunto sea bastante compacto y no añade un peso extra- y con las seis acanaladuras longitudinales de su parte delantera, valoramos realizar algunos cambios en otros puntos. El cajón de mecanismos, del tipo A4, era óptimo, con un raíl tipo Mil-Std-1913 Picatinny recorriendo el superior de forma que podía fijar cualquier elemento de puntería. Incluso, puedo situar un alza manual de emergencia complementada con un punto de mira que se puede acoplar sobre el elemento de toma de gases que también tiene en su parte superior los anclajes pertinentes. No había que modificar nada en ese sentido.

Planteamos cambiar el guardamanos. Los Remington SR25 traen de fábrica uno de aluminio de dos piezas. Es redondo y cuenta con unas aberturas que ayudan a la refrigeración. No es especialmente atractivo, pero cumple con su cometido. Permite sujetar bien el arma y da al cañón el flotado que requiere para obtener la precisión de la que es capaz. Al final, buscando reducir el coste de la transformación, optamos por mantener el original, eso sí transformándolo al acoplarle unos raíles estandarizados en sus costados que permiten fijar algunos accesorios. Por su facilidad de instalación y disponibilidad, la opción fue mecanizar unos de plástico de CAA y adaptarlos a las aberturas laterales del guardamanos de Remington, obteniendo un resultado final bastante bueno y, lo que aún es mejor, económico y racional.

En la parte inferior del guardamanos venía un punto de fijación en el que situar una anilla portafusil o un bípode. Yo opté por mantener esta última funcionalidad, fijando allí un modelo de Harris. Se trata de un sistema de dos patas extensibles, sencillo, robusto y compacto. Puede regularse con facilidad y su coste es de unos cien euros.

Más cambios

De las partes mecánicas debemos reseñar que no son necesarias modificaciones en el bloque del cierre o la toma de gases, sólo desmontarlos para acoplar el nuevo cañón y hacerlo dentro de los parámetros buscados, los que generen las mejores prestaciones en el mismo. Tampoco se han tocado los mecanismos de disparo, aunque podría haberse recurrido a un “kit” de los diversos que existen en el mercado y que aportan tanto más suavidad como un recorrido más corto del que traen los SR25; el tarado de fábrica es de entre 4,5 y 5 libras.

Sí mejoramos la ergonomía, y hay una pieza que aporta mucho en ese sentido, máxime cuando lo que pretendíamos con la transformación era un semiautomático con precisión a varios cientos de metros. Para mejorar este aspecto retiramos la culata clásica de los rifles tipo AR, funcional pero poco elaborada y montamos una PRS (Precision Rifle/Sniper) de Magpul Industries. Su colocación es muy sencilla, pues sólo hay que reemplazar la original tras retirar y volver a colocar el único tornillo que la fija al armazón. También lo es su regulación desde sendas ruedas de notables dimensiones para variar tanto la longitud de la culata como la elevación de la carrillera, y así poder situar la cara sobre ella en la posición idónea que haga que el ojo quede perfectamente alineado con la retícula.

Por cierto, apuntaré que tras la sesión fotográfica que hice para ARMAS también he modificado el pistolete, sustituyéndolo por uno tipo PSG-1 que aporta unas formas más adecuadas para conseguir precisión en los disparos.

Siguiendo con los cambios, los SR25 se venden con cargadores limitados a dos cartuchos. Es lo que marca la normativa para cazar, aunque para su empleo en polígonos pueden emplearse otros, pues la capacidad total del arma será de 5 cartuchos (4+1).

Completando nuestras explicaciones sobre esta transformación realizada por la pamplonesa armería “Casa Puntos”, señalar que optamos por no incorporar un freno de boca en el cañón. El diseño original no lo traía y no consideramos que fuese un “aditamento” que pudiese aportar mejoras en la precisión, la finalidad máxima pretendida. Sí lo sería para aquellos que, por su especialización o requerimientos operativos –los profesionales-, considerasen la posibilidad de fijar un supresor, aprovechando la bocacha –si ésta tuviese la configuración para ello- o la propia rosca.

Sobre esa necesidad nos viene a la memoria lo interesante que podría ser un rifle como éste para algunas unidades de élite españolas. Su precisión, capacidad de fuego semiautomática y hasta la posibilidad de que lo empleasen tiradores ubicados en plataformas aéreas de cobertura, añaden nuevas capacidades al conjunto. Ellos sí que podrían recurrir a versiones del .308 Win e incluso solicitar longitudes de cañón que fuesen más acordes con requisitos concretos. Ya saben que la opción es posible y que pueden decantarse por ello.

Respecto del cañón, señalar que es de acero inoxidable, mide veinte pulgadas y su contorno es grueso en la mitad más próxima a la recámara y más fino en la delantera, con canales que recorren la parte exterior de esa zona para reducir el peso y favorecer la refrigeración. El tubo ha sido elaborado con características tipo Match y con un paso de estría de 1:11, por un conocido fabricante.

Para el final de nuestras explicaciones hemos dejado el tema de la óptica o elementos de puntería. Como verá el lector, el SR25 que les presentamos aparece con un visor de punto rojo de la marca Aimpoint Comp M4 –el último de la saga que es capaz de mantener nada menos que ochenta mil horas de uso continuado sin cambiar las baterías- y un módulo óptico de tres aumentos del mismo fabricante sueco. Su elección para las imágenes ha venido motivada por el hecho de que queríamos probar la idoneidad de esa combinación a la hora de conseguir apuntar y alcanzar, con rapidez, un determinado objetivo. Hicimos las valoraciones en ese sentido y no nos fue nada difícil hacerlo con blancos situados hasta doscientos metros. Buena parte de los tiros de prueba los hicimos sin recurrir al bípode, demostrando mejor esa cualidad.

Validada esa opción, bien distinta de la clásica, lo que haremos para una segunda tanda de pruebas, que habrán tenido lugar ya cuando estas líneas sean públicas, será reemplazarlos por sendas anillas de fijación y una óptica. He elegido un visor de alta gama de Leupold, que también se ve en alguna imagen. El modelo en concreto es Mark 4 de 8,5-25X50mm. Su notable capacidad de aumento, la luminosidad y el hecho de contar con una retícula localizada en su focal delantera, lo que hace que varíe su tamaño al modificar el número de aumentos, ayudan a conseguir el fin pretendido.

Dado que la disposición de munición del .307 Win no es la mejor, habrá que recurrir a cartuchos cargados manualmente con pólvoras y proyectiles específicos. No dudamos en que este fusil semiautomático será capaz de lograr agrupaciones inferiores a 1 MOA (Minute Of Angle). En las validaciones que se hicieron tras algunas modificaciones mecánicas en la galería de “Arsena Casa Puntos” ya dejó claras algunas “cualidades”, con “cacahuetes” de varios impactos unos encima de otros.

Realidad interesante

Como habrán podido comprobar, esta transformación es el resultado de lo que “yo quería”. Quien la ha realizado está en disposición de preparar otras similares y de responder a las distintas opciones que los clientes soliciten, dentro de lo autorizado en nuestro país, por supuesto.

Señalar respeto del SR25 que decidimos también variar el aspecto exterior. Traía un camuflaje Mossy Oak Treestand que no me satisfacía demasiado. Tras eliminarlo, por decapado, se reemplazó por una pintura negra satinada especialmente resistente de la marca “Duracoat”, lo que le da un aspecto para mi muy atractivo y ayuda a que soporte mejor las condiciones meteorológicas hostiles.

Acabaremos estas páginas refiriéndonos a un aspecto que algunos pueden considerar relevante para decantarse por una opción similar. En nuestro caso, el haber mantenido el upper receiver original y otra piecería, se han tenido que cambiar unas pocas piezas. El cañón, convenientemente adaptado por el armero al fin pretendido, podría costar desde 497 euros, cantidad a la que habría que sumar algunos cientos más para la culata, raíles, pintura y otros aditamentos, en función de lo que se quiera obtener.

Por una cantidad de unos 890 euros podría obtenerse lo que aquí les presentamos. Un poco más caro sería recurrir a un upper completo, manteniendo la carcasa superior del cajón de mecanismos y el guardamanos con el cañón original del .243 Win. De esta forma, el cambio de una a otra configuración puede realizarse en sólo un minuto, aunque, personalmente, no consideré como prioritaria esa capacidad. Otros sí podrían creerlo oportuno y ahí estará Juanjo para asesorarles al respecto de lo que les puede ser más conveniente o satisfactorio. Su teléfono es el 948-292282.

Sea cual sea la opción por la que se decanten, lo que sí puedo señalar es que quedarán sumamente satisfechos por su trabajo, como yo he quedado. Los varios meses que hay que esperar para conseguirlo, debido en parte a la carga de trabajo que tiene “Casa Puntos” y al tiempo que tardan algunas piezas en estar disponibles, no deberían considerarse como un factor negativo. Seguro que al final, cuando tengan en sus manos el producto que buscan, verán recompensada su espera y el coste de su obtención.

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